A estas alturas de metraje, que una chica te guiñe el ojo -gesto inequívoco hace cincuenta años- significa más bien poco. Pero si quien te guiña el ojo es Becki, de las Pipettes, la cosa cambia. O no, porque la persona que esto cuenta estaba ayer postrada en el lateral izquierdo del Escenario FiberFib Tarde viéndoles hasta la etiqueta de los panties a las chicas de Brighton, y recibir allí mismo un simpático guiño con pestaña niquelada, en el fervor del directo, entre giro y giro de coreografía, es cosa común. Suponemos.
Cuentan también que Patrick Wolf enseñó su middle finger a cierto periodista de renombre que no le reconoció saliendo del camerino (esto lo ponemos en seria duda); o que Pelle Almqvist, incombustible vocalista de The Hives, se tropezó en la zona vip poniéndose perdido de polvo y hierbajos (esto no lo ponemos en duda).
Amy Winehouse temblaba primero e hizo temblar después. Terminada la obligada sesión de fotos con Slimane, se paseó por el recinto, cadera va, cadera viene, mirando con timidez unas veces, con rotunda seguridad otras.
Y esto viene a demostrar, junto a otras muchas cosas que no contaremos, que los artistas son personas de carne y hueso, que guiñan ojos, se tropiezan o se mosquean; que, a la postre, divinizamos a gente como nosotros que ha sabido encauzar un talento reconocido y lo ha llevado hasta nuestros escenarios favoritos del FIB, festival de festivales. Músicos y/o entertainers: Gracias una vez más. Clap, clap, clap, clap, clap…