Conciertos
The Clientele
Texto: Jordi Guinart

 

La versión blanda de Urge Overkill hizo acto de presencia en el Festival dispuesta, al parecer, a reducir a todos los presentes a un puñado de latidos descompuestos, ralentizados, reducidos a un cosquilleo tontorrón. O lo que es lo mismo, la voz de Alasdair MacLean flotando entre atmósferas a lo Galaxie 500 y algunos guitarreos tipo The Carpenters. Parece mentira que de una voz tan dulce y aterciopelada puedan surgir sonidos empapados por letras surrealistas, y que una guitarra eléctrica se pueda tocar de la manera como la tocó él, sin púa y con tanta energía contenida. Tocaron hasta seis canciones del nuevo disco, “God save The Clientele”. Algo estáticos sobre el escenario, concentrados en el pop sicodélico, la única que se movía, arengaba y parecía estar por encima del bien y del mal era Mel Draisey. Sí, la rubia que todos hubiéramos querido ver nada más nacer para convencernos de que el mundo es un lugar bonito. Incluso se sacó de la manga una CocaCola Light y se dio un trago digno del mejor tópico.
The Clientele arrancó su show con cierta timidez, para luego ir soltándose progresivamente. Cuando atacaron “My Own Face Inside The Trees”, Elvis Costello parecía decir presente. Para el quinto tema, el público ya sabía de qué iba el rollo y se iba dejando llevar de la mano hasta que asomó “Somebody Changed”. MacLean empezaba a doblar rodillas y cintura mientras James Hornsey, el señor bajista, iba a su bola con sus gafas de sol, y el batería Mark Keen, probablemente y gracias a su privilegiada posición, no quitaba el ojo de encima a Miss Mel tocando el xilofón. “Vamos a tocar dos más”, anunció entonces MacLean. Y tocaron cuatro. El público lo pedía entre aplausos, encantado. ¿Quién podía negarse?

Mejor momento
: Cuando Alasdair MacLean empezó a cantar esos falsetes de altura de rascacielos, provocando escalofríos en rabadillas varias, para terminar con un interminable solo de guitarra, totalmente inesperado, que duró entre tres minutos y una eternidad. Una mixtura única de psicodelia progresiva con distorsión… ¡con el violín de la señorita Draisey como red de emergencia! Sí, God Save The Clientele.


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