¡Mambo! Que sí, que la palabra “mambo” sonó en el FIB Heineken, y también el ritmo en sí. Mambo y chachachá y bossa y MPB (que quiere decir, mis queridos indies, Música Popular Brasileña) y versos cantados en un delicioso portugués. La culpa del ¡mambo! fue de Os Mutantes, otro de esos retornos gloriosos que entregó uno de los directos más coloristas en estos trece años de Festival. Y eso que les costó empezar. Estuvieron un rato sobre el escenario probando monitores, se disculparon con un simpático: “Despasssito, todu va ben” y recordaron que su bajista original se quedó en Brasil por un problema médico. Cuando alguno entre el público se impacientaba, arrancaron con los maravillosos coros de “Tecnicolor”, sabroso aperitivo para aquellos que conocían poco de este decisivo grupo. Os Mutantes son la versión tropicalista del verano del amor californiano, la mezcla entre el “Good Vibrations” con un paseo por las playas de Ipanema a seis voces. La entrada fue en esa onda de psicodelia pop hippie, pero a unos cuantos músicos de Brasil no se les puede pedir que se pongan demasiado anglosajones. En cuanto les apeteció, mezclaron las guitarras con mucha distorsión con las bases latinas en un quiebro hacia el mestizaje más que extraño en este Festival donde suenan Kiko Veneno y solos de percusión. Recordando a Sergio Mendes, se metieron en esa mágica parte mambo con solo de guitarra a lo Santana. Luego, para mayor delicia de la parroquia desinhibida y para flipe total de la audiencia más popero-integrista, pasaron al chachachá de “Justiciero” y, en otra pirueta de hermanamiento musical, consiguieron que Caetano Veloso sonara en un festival tan indie gracias a la versión que hicieron de “Baby”, tema interpretado en el original por Gal Costa, hermana de Veloso. Colorismo, cruce de sonidos y una vibrante lección de que la música bella derriba todas las fronteras.
Mejor momento: Las sonrisas, un tanto cortadas, de satisfacción que lucía el público en las canciones de ritmo más latino; menea la cadera, morena, menea la cadera.