Retirada de Amy Winehouse. Retirada de sus miles de fieles. Un tipo de negro sobre el escenario. Con un ordenador sobre una mesa. Un bajista, un batería. El primer disparo suena apenas para el millón de vasos de plástico que pueblan el suelo que Winehouse ha dejado huérfano. El tecno tectónico de Matthew Dear y sus Big Hands (que antes había sido Daisha, Audion, False y Jabberjaw), que mixea y remixea cortes de su último asalto “Asa Breed”. Tenebroso e inquietante (sonaron, por poner un par de ejemplos, “Deserter” y “Death To Feelers”), Dear bailó solo hasta que los Clap Your Hands Say Yeah decidieron despedirse y parte de su respetable se acercó a acunar la propuesta microhouse del texano. Para entonces, Dear ya hasta inventaba canciones con su voz metalizada y lanzada a la velocidad de la luz. ¿Quién entiende a los genios?
Mejor momento: Las palmas sintetizadas que sonaron tras el arranque. El háztelo-tú-mismo llevado hasta sus últimas consecuencias. ¿Que no tengo público? Pues me lo invento.