Los grupos españoles tienen ese punto entre despiste y disipación que, nosotros, la audiencia patria, les disculpamos con cariño. Es más actitud que falta de profesionalidad, un asunto que se convierte en costumbre aunque ellos también se esfuercen por superar algo que incluso forma parte de la idiosincrasia del indie nacional. Astrud entregan directos irregulares que remontan gracias a esas peasso de canciones, al vozarrón de Manolo y a unas letras que nunca te las esperas. En el escenario Fiberfib.com empezaron algo espesos más por culpa de la mezcla final de sonido, pero despegaron sobre todo gracias a un final de concierto donde deslizaron varios de sus éxitos más rítmicos (“Bailando”, “Todo nos parece una mierda” y “La boda”) para animar a un respetable que cantó los versos con muchas ganas, quizá con la misma reivindicación de españolidad alternativa que el viernes lo dio todo en Kiko Veneno y Fangoria. En formación de cuarteto, con el apoyo de un batería y una teclista al frente de un Moog, dejaron la primera parte del show para repasar temas de su reciente disco “Tú no existes” como “El miedo que tengo”, “Paliza” o “El vertedero de Sao Paulo”. Manolo, que parecía un campista cualquiera del FIB, con sombrero de paja de todo a un euro, cantó de manera excelsa (esos falsetes). La fuerza escénica quedó para un Genís que lucía pantalones capri negros, pelo de teclista tipo heavy sinfónico, bigote daliniano y una camiseta estampada que le robó a tu madre del tendedero. Alternó Genís el piano demostrando una calidad técnica curiosa (se notan las clases que recibe) y el bajo, donde tuvo un momento glorioso con un repertorio de poses de bajista clásico de rock, tipo Iron Maiden, pero a ritmo tai chi. Para el final, “Esto debería acabarse aquí”, extraños cortes en la P.A. y de nuevo sobrevolando sobre el caos gracias a eso llamado talento.
Mejor momento: Genís pone a prueba la flexibilidad de su columna en una extraña introducción de una versión de “Bailando” así como rockera y todo.