El concierto que las demás bandas del Festival no querrán perderse.
Entre la labor de Diplo y pequeños hypes como Cansei de Ser Sexy o Bonde do Róle, Brazil cotiza al alza. Todos aquellos que se acerquen a ver a Os Mutantes por efecto simpático con intenciones exóticas se llevarán una sorpresa: los hermanos Baptista tienen una edad. Y un regalo: Un trozo de Tropicalia en la costa levantina. Mítico.
¿Qué fue el tropicalismo? En el Brazil de finales de los sesenta la explosión creativa de un colectivo artístico y sociopolítico azotó al orden estético establecido con una libertad creativa intolerable. Caníbales musicales, fans de Beatles y the Zombies, incrustaron psicodelia y música contemporánea a samba, bosanova y ritmos tropicales. Si partir de la música psicodélica se le supone al rock un inconsciente, los tropicalistas fueron la inconsciencia artística brasileña de la época hippy. Un mayo del 68 musical en el trópico. Esta bendita locura se hizo carne con “Tropicalia” (reeditado por Soul Jazz en 2006), un tesoro de la música moderna. Sus autores principales fueron Caetano Veloso, Tom Zé, Gilberto Gil y Os Mutantes. Algunos tuvieron que emigrar a Londres.
Os Mutantes fueron un brote en el panorama musical de Sao Paulo. Alienígenas en tierra de samba, Rita Lee y los hermanos Arnaldo Baptista y Sergio Dias escogieron el nombre ideal para bautizar a su grupo. Puede que su afición a The Beatles, Peter, Paul & Mary y el pop ácido les brindara una sensación de libertad, pero la gracia está en que se pasaron tres pueblos. Por eso son más divertidos. Después de la publicación de “Os Mutantes”(1968) y “Mutantes”(1968) llamaron a su tercer trabajo “La divina comedia o ando meio desligado”(1969). Muy gráficos, de nuevo. Experimentales y amenos a la vez, su jogo bonito trajo la postmodernidad a Brazil. Con Mutantes todo era posible: jugaban con cacharros protoelectrónicos, cantaron en “portunhol” o substituían los platos de la batería por soplidos de sprays y aerosoles. Para este tipo de fusiones, aquí teníamos a Pau Riba. Su influencia hibernó durante décadas. Reverberaron en los 90 con bandas como Stereolab o the Sea and Cake, pero su pulpa aun no está exprimida. “Suenan tan relevantes hoy como cualquier cosa que se esté haciendo en cualquier parte”. Dice nada menos que David Byrne. “Una criatura demasiado extraña y bonita para vivir mucho tiempo pero demasiado fuerte para desaparecer jamás”. Por cierto, “A Minha menina” es la típica canción de anuncio. Una maravillosa samba-rock que conocerá incluso quien no crea que la conoce. Si suena habrá un highlight colectivo.