Un gran lema para un tiempo excitante. Cables, cuerpos, ritmos y decibelios: la síntesis ha sido y sigue siendo el motor de las más variadas sensaciones. Fangoria lo dijeron y nosotros seguimos la senda de la electrónica nacional.
En la última década del siglo pasado, la electrónica inundó el planeta con sonidos y compases mecánicos, con fiestas por doquier. Llegaba el “hazlo tú mismo” simbolizando la posibilidad, perfilada desde muchos años atrás, de poder hacer música en tu propia habitación, sin necesitar un gran estudio, ni muchos instrumentos, ni músicos. Era el resurgir del techno, con todas las de la ley. ¿Y qué sucedía por estas latitudes? Pues que había gente que abrazaba la síntesis como sinónimo de creatividad. Entre ellos estaban Alaska y Nacho Canut, quienes bajo el signo de Fangoria avisaban de que la revolución cibernética era una mezcla exacta de mente, máquina y piel, sin que esto significase encerrarse en supuestas y, a veces, aburridas elucubraciones matemáticas de ocho minutos. Es así que abrazaron al techno, la cyberdelia y el techno-pop más sentimental y dinámico entrando en una de las etapas con más matices y lecturas de su carrera. Pero siguieron avanzando. Hoy han pulido una sensibilidad que les ha hecho completamente atemporales creando una suerte de pop electrónico que sólo ellos pueden hacer. O les amas o les odias, como debe ser.
Hacia la luz
En aquellos noventa Fangoria montaba las fiestas Expandelia, promoviendo a la incipiente escena nacional que ya tenía, desde hacía tiempo, nombres clave como Neuronium, Macromassa o Esplendor Geométrico. Más era necesario dar un nuevo paso. Por aquellas fiestas pasaron nombres como Resonic, The Frogmen, Madelman, I.P.D. o Ballet Mecánico, de donde saldrían Roberto Gemelín, también conocido como Groof o Robert Calvin, y Luis Rozalén, HD Substance. Dos productores en evidente ascenso. De un modo u otro Fangoria han sido testigos de cómo en este país han surgido muchos productores de calidad, desde aquellos días en los que destacaba la cósmica rítmica de Silvania, la oscuridad de Prozack o el groove de Alex Martin o Vanguard.
Latidos
Pero la vida sigue y ahora veremos por donde se mueven las cosas en la actualidad.
Podríamos empezar, por ejemplo, con Gabriel Berlanga, Undo. Con “Despacio” este productor y dj catalán, que sorprendió a muchos con un tema como “Mirrorbal”, ha facturado un álbum que lejos de arrimarse a la ortodoxia techno bucea por variados terrenos con interesante sensibilidad.
Esa manera de pasar por las frecuencias también es aplicable al madrileño Alex Under, que reconstruye los ritmos y los salpica de clicks y cuts. Under ha sido editado por sellos nacionales como Apnea o CMYKmusik y por internacionales como Plus 8, de Richie Hawtin, que ha publicado su “Collage”.
Hablando de sellos de nuestro país, también podemos nombrar a Regular, casa de Iñaqui Marín o Jaumëtic. Este último borda las zonas del minimal más emocional con unas producciones que también han sido editadas fuera en Ware o Pulsewith. Y Marin no le va a la saga. Ha firmado un disco notable, “Klinischtod” (2005), en el que el minimal, la EBM y los sonidos industriales se dan cita.
Pero la electrónica española se nutre de otras sonoridades en las que la percepción exige distintos parámetros de atención más allá del compás del cuatro por cuatro. Desde la experimentación del reconocido Francisco López hasta los entramados de un misterioso Coeval hay una buena parcela creativa que también llama la atención fuera de estas fronteras. Q ix, C Jitter, Fibla o las experiencias colectivas de The Infinity Process, en pro de la transformación de residuos sonoros digitales, bien merecen el conocimiento de los más curiosos. Pero ¿y donde se puede escuchar esto? Afortunadamente existen lugares como el necesario Radar madrileño, donde se puede entrar en contacto con la otra realidad.
Respiraciones
Como se puede ver hay de todo para todos. Empezamos hablando del carnal pop electrónico de Fangoria y estamos llegando a las partes recónditas de los circuitos. Pero no hace falta extrapolar esencias. En medio también hay gente a la que le gusta mezclar géneros. Ciëlo exhiben un particular y melancólico acento pop que no desdeña mirar al futuro mientras bailan en su sello Clic New Wave. En otra esfera, First Aid Kit o Burbuja directamente vuelan. Loud engancha con su disco emocional y Vadim Tudor ejercita un ácido y extraño sentido del humor en sus oscuras composiciones.
Definitivamente algo está ocurriendo, algo que tiene muchas caras y matices. Porque aunque el bombo siga marcando la pauta en muchos aspectos, también hay espacio para soltar la imaginación. Desde Madrid, Barcelona, Pontevedra o Vulcano.