No es porque hayan dedicado un tema a Jack el Destripador. No es por lo que puedan representar para la capa de ozono sus excesos con la laca. No es por el cataléptico vídeo de “Sheena Is a Parasite” que les filmó Chris Cunningham… Quien quiera averiguar por qué The Horrors dan miedo, que asista a su directo.
Rammstein saben poner las cosas al rojo vivo y Mr. Manson se autolesiona como nadie. Pero lo ocurrido durante el show de The Horrors el pasado mes de mayo en Moby Dick parece más propio de hemerotecas que de estos tiempos profesionales y correctos. Hablamos de Morrison masturbándose frenética y públicamente, de los Rolling guardándose las espaldas con Ángeles del Infierno, de Axl Rose utilizando el micro como arma arrojadiza en pleno ataque de paranoia… Resulta que Faris Rotter confundió la bola de espejos de la sala madrileña con una piñata. Y resulta también que, tras trepar a por ella y lanzársela al público, decidió prodigarse en el castigo a la decoración del local. Y sucedió que los responsables del mismo tiraron la toalla tras tan sólo veinticinco minutos de actuación, con más de un espectador magullado y muchos de ellos despavoridos. Alguno anunciaba el regreso del punk. Nosotros añadiremos que el ”Strange House” (2007) discográfico de los de Southend no está nada mal.