Su último largo, “Because of the times” (2007) retuerce la fórmula punk-americana de los dos primeros, “Youth & young manhood” (2003) y “Aha shake heartbreak” (2005), y suena a tipos que acaban de creerse lo que les ha pasado, aunque sea a través de un encuentro imposible entre los Allman Brothers y Alan Parsons. El directo promete.
Imaginaos la escena. El tipo que conduce es un predicador evangelista y lo que le está pasando uno de sus tres hijos (que se han prestado a acompañarle en su Gira por la Conversión) es una cinta de Neil Young. El chaval en cuestión es uno de los tres hermanos Followill, tal vez Caleb. El tipo que conduce es su padre. Estamos a finales de los 80 o primeros de los 90 y los tres chavales están recorriendo los Estados Unidos en el coche de su padre. Y mientras el tipo que conduce intenta convencer a al menos cuatro vecinos de cada pueblo que pisan, sus tres hijos escriben canciones y montan lo que, a la vuelta, será Kings of Leon. Démosle un baño de punk rock al country folk macarra de los Lynyrd Skynyrd y estaremos un poco más cerca de lo que los chicos Followill tenían en mente. Lo primero que hicieron Caleb, Nathan y Jared fue llamar a su primo Matthew. Y luego se mudaron a Nashville. Eso fue en 1998. Dos años después, Kings of Leon ya sonaban en los garitos más in de la ciudad. Hasta allí fue a buscarlos la RCA. Quizá vieron posibilidades a la pinta de guaperas postgrunge de Caleb, voz cantante de los Kings. Por cierto, el Leon viene de su padre y de su abuelo. Los dos se llaman Leon.
Tras el exitoso y rugiente “Holly Roller Novocaine”, su primer EP, que llegó en 2003, justo antes de que emprendieran su primera gira (o su segunda, según se mire, si se cuenta la que hicieron con Papá Preacherman) por los Estados Unidos, llegó el colérico “Youth and young manhood” (2003), un tratado de punk americana sin complejos, que les valió la entrada en los camerinos de Julian Casablancas (The Strokes) y San Bono (de U2). Los Kings les telonearon fuera de casa. Tras dos intensos años de giras y sesiones de grabación, aterrizó en las tiendas de discos la que, hasta el momento, es su obra cumbre: “Aha shake heartbreak” (2005), un verdadero trabalenguas que otra vez rizaba el rizo explotando el lado más gamberro del viejo folk americano (Creedence meets Soundgarden). Lo siguiente fueron otro par de años de silencio y un nuevo disparo: “Because of the times” (2007), disco que pinta y es más reflexivo, oscuro, laberíntico. Pero igualmente gamberro. ¿Lo pasaremos en grande esta noche? Pues va a ser que sí…