Fobias y filias habituales del universo astrudiano vuelven a mostrarse en su último trabajo, “Tú no existes”. Crónicas del desasosiego en teclados barrocos perfectamente ensamblados con matices prog rock y acordes a lo Sparks. La solvencia como estandarte hoy en el escenario Vodafone Fib Club. Hay dos hombres en España que lo hacen todo y se llaman Astrud.
Que si se han vuelto demasiado mentales, que si la electrónica se comió a las guitarras, que si bla bla bla. Manolo y Genís son Astrud, los soberanos del pop ibérico. No hay más. Ni menos. Son eclécticos, planos, sencillos, complicados, honestos, opacos, directos, retorcidos, pero siempre Astrud. ¿Cómo no iban a serlo con canciones como “El miedo que tengo”, “Minusvalía” o “Noam Chomsky”, pertenecientes a su último trabajo?.
Astrud llevan casi una década facturando análisis de la vida cotidiana de seres inquietos como nosotros, reflejando sus pasiones, manías y quejas en forma de temas plagados de referentes estilísticos, homenajes y relecturas que no hacen sino confirmar su pasión por la existencia y lo absurdo de la misma. Dos antimodernos que a pesar de su posicionamiento claro frente a temas de diversa índole (política, relativismo, ética) han sido tildados de posmodernos a su pesar. Batallones de seguidores en nuestro país y no pocos fieles tras las fronteras (miren en Youtube sus incursiones en París y alrededores) les siguen allá donde toquen, convirtiendo esta noche de Festival en la ocasión idónea de amalgamar fans de todas partes ante su potente y efectivo directo.
Forjados hace ya once años (el destino hizo que se conocieran en un concierto de Pulp), el dúo barcelonés decidió dedicarse al pop sin limitaciones con una guitarra y unos teclados, fusionando electrónica de feria con arreglos muy serios y melodías de merendola, de las que se tararean yendo en bici con el viento de cara. Después de un par de EP´s -ya míticos- apareció su primer larga duración, “Mi fracaso personal” (1999), con armonías en forma de piedras preciosas bien pulidas y preparándose para el gran salto, eso que llaman repercusión. Alguien dijo que parecían los Pet Shop Boys hispanos, pero se equivocó. Llegó entonces “Gran fuerza” (2002), con pelotazos que son himnos, sentencias que forman parte del imaginario pop de este país, verdades como puños. Y poco después el remate de todos los remates gracias al imprescindible “Performance” (2004), su gran fuerza de verdad. Ironía, sátira, antimodernez y desnudez.
Una carrera ejemplar que culmina en “Tú no existes”, quizá el más progresivo trabajo de Astrud, rayando el Krautrock de Neu!, hablando de basura inmunda acumulada, palizas de aúpa o descubrimientos que nos acercan-alejan a la nostalgia, ese error que tantos pretendemos evitar y al que tantos nos lanzamos de cabeza a la más mínima ocasión. ¿Quién da más? No se los pierdan.