El cuarteto barcelonés presenta en el FIB Heineken El futuro no es de nadie, su segundo álbum, angustia post-adolescente inmersa en una piscina de beeps y discos duros. Si has visto Tron sabrás de lo que te hablo. Un fondo negro donde líneas de color azul (buenos) y rojo (malos) destacan con un resplandor de neón. Jeff Bridges compitiendo para salvarse, para salir de la prisión tecnológica con la ayuda de un programa de seguridad. Algo parecido a Dorian en El futuro no es de nadie, levantando la voz en un mar digital para salir de la trampa. Una rabia que se nota, sobre todo, en algunas de las letras que se añade a las acristaladas melodías pop factoría de la casa. La confección del sonido corre a cargo de Maxi Ruiz (Ferenc), y de los propios Belly y Marc. “En este disco volvemos a juntar las máquinas con las guitarras, pianos y bajos de toda la vida, pero es cierto que tiene más electrónica que 10.000 metrópolis, nuestro primer trabajo. Hemos trabajado con secuenciadores, batería electrónica (la que usamos en directo), Minimoog y Mac”. La masterización, como último elemento en la definición del sonido de El futuro no es de nadie, corrió a cargo de Andy Baldwin (Starsailor, Coldplay, Richard Ashcroft).