Hemos estado tres días acosados por los ruidos provenientes de unas cuantas carpas y escenarios. Ruidos, altavoces… Silencio, sólo en el Silent Disco. Un año más la experiencia ha cautivado a todos los que, perdiendo los prejuicios, se han puesto los cascos para bailar en compañía, y en la calma aparente. Y muchos, seguro, nos hemos quedado con ganas de más.
Silent Disco fue creado hace cinco años por NOdj, Nico Okkerse, y djOD, Michael Mintem. “La idea en realidad nació hace mucho mas tiempo”, nos cuenta Nico, “cuando yo tenía unos dieciséis años. Tenía que escuchar unos discos para un trabajo de clase y, en la habitación de mi hermano mayor, pusimos un canal del auricular para el amplificador y otro para el cassette; pasamos la tarde escuchando más y más música, cada vez más alta, y cuando bajé las escaleras y volví a la vida familiar, nadie se había dado cuenta de nada”. Esa idea se quedó incubando en su cabeza y, muchos años después, la tecnología estuvo lista para ponerla en práctica.
Se trata de tener, en un espacio, a dos pinchadiscos que trabajan en paralelo, creando un discurso musical cada uno, mientras que las personas que acuden escuchan las canciones a través de los auriculares. Hoy por hoy, muchos vamos por las calles con música en un iPod o cualquier reproductor mp3, fabricando un continuum de banda sonora para nuestras experiencias. Pero, para Okkerse “no es lo mismo, porque eso es individual; lo que hacemos aquí es poner a un grupo, en sintonía, escuchando música y bailando en el silencio aparente. Es algo social. Y, además, es democrático: cuando estás en un concierto, tienes un aspecto del mismo según en donde te encuentres con respecto al escenario, sólo los del centro pueden escuchar estéreo. Mediante este sistema, todo el mundo tiene acceso a exactamente lo mismo”. En eso, tiene mucha razón. La experiencia ha sido tan exitosa (en Glastonbury, recientemente, se realizó para más de 3000 personas), que ellos continúan investigando e innovando en nuevas configuraciones. Por ejemplo, dos bandas interpretando en directo, en lugar de djs. “Por nuestro lado, seguimos probando cosas”. Y el experimento, aunque novedoso, ya es reconocido por los trotafestivales de medio mundo. Lo que importa, dice Nico, es atreverse: “No sé por qué se desinhibe tanto la gente, quizá porque la música va directamente al cerebro. Cuando se ve esto desde fuera, parecen un montón de locos moviéndose de forma ridícula; sin embargo, en cuanto te pones los auriculares, ya te sientes parte de esto y simplemente bailas”.