Anoche Dave Gahan miraba extasiado a los miles de fibers concentrados frente al Escenario Verde lanzando un “I feeeeeel you!” que llegó al corazón cual kamikaze technopop. Varias horas antes, todo estaba a punto de suceder. Hablamos de esos espesos momentos que transcurren entre las dos y las cuatro de la bochornosa tarde castellonense cuando el recinto exhuda los restos de la jornada anterior, el cemento hierve, y los espejismos se multiplican pretendiendo engañar a nuestras retinas aún más si cabe. Y es que aquí se hace tarde muy temprano, o mejor dicho, a medida que pasa el tiempo en el FIB, más ganas se tienen de continuar en él. Después de llenar el estómago, no somos nadie; delante de los escenarios, todo cobra sentido. Y rogamos seguir hasta el fin de los días en el Festival, donde la música va mucho más allá de las notas y siembra la confusión entre los críticos y demás papanatas, música que da sentido a nuestra existencia y la trastoca de manera definitiva. Benicàssim es la meca y el pop es su religión. ¿Alguien lo dudaba?
Otto
Foto: Francois Ollivier