No es fácil describir los sentimientos que se desatan cuando Wainwright hace acto de presencia en un escenario. Están los que lloran emocionados, los que dejan caer su mandíbula despreocupándose de ponerla donde procede y los que, ni una cosa ni otra, disfrutan sin más. Ayer se vivió absolutamente de todo, porque la ocasión lo requería. De esquina a esquina sin excepción, un coro de ángeles elevó los poemas del canadiense hasta cotas insospechadas y él decidía que le tocaba cumplir trenta y tres años. Una onomástica ya conocida por los fibers y por supuesto la organización del FIB 2006 al completo. Desde su novio a su hermana Lucy (con quien cantó a dúo cuatro temas) pasando por los roadies y las mujeres de la limpieza, todos sabían que Rufus soplaría velas y comería pastel. Después de “Grey Gardens” pretendió seguir con “Makers Make”, pero la carpa quiso felicitarle a viva voz entonando el clásico “Happy Birthday to You”. Con esa mezcla de falsa modestia y timidez tan de crooner, Rufus se sonrojó y lanzó unas risas de aquí te espero mientras agradecía el detallazo general. Y siguieron las canciones, a piano y guitarra, con esa voz capaz de demoler cualquier carpa que se precie. “Beauty Mark”, momento especial para “Vibrate” por lo divino y humano de su interpretación, y “California” con queja incluida: “Hace tanto calor que estoy por desnudarme aquí mismo”. Cual piano-man en cabaret de carretera (la N-340 en el caso que nos ocupa), Wainwright desgranaba los cortes con la clase que tan solo los elegidos retienen. Y llegó “Sans Souci” dedicada a los franceses que abarrotaban el Vodafone Fib Club, entonada con el barroquismo que requería, seguida de “Art Teacher”, posiblemente el tema más esperado, toda una confesión adolescente con una letra que muchos escritores orgullosos de abrir su alma al mundo entero ya querrían haber compuesto para sí alguna vez. ¿Versiones? La previsible pero fantásticamente recibida y mejor coreada “Hallelujah” del maestro Cohen.
Mejor momento: A punto de finalizar su actuación -o eso creía él- , Rufus se gira hacia el lateral del escenario buscando los ojazos de su chico, pero encuentra los diez dedos de su mánager: “Te quedan diez minutos”. Y Rufus remata con “Cigarretes & Chocolate” y “Gay Messiah”. La carpa no se viene abajo porque los cimientos y la estructura al completo están ya flotando entre nubes. Aplausos, saludos, reverencias y el bis con “Want”. Divino de la muerte.