Conciertos
Morrissey
Texto: Aldo Linares

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Su voz, sus canciones y su postura artística han marcado un hito en el pop. Y esta tarde, coincidiendo con la caída del sol, ha dado un nuevo paso en su trayectoria. O por lo menos así lo pareció. Morrissey expuso diecisiete vistas en las que hubo espacio para el recuerdo esplendoroso de The Smiths. Así, empezó con un “Panic” que reventó el escenario. ¿Cómo no hacerlo con una gran canción? Desde ese momento, el de Manchester dio cabida a antiguos éxitos de su mítica banda, aunque se centró en sus dos últimos trabajos, “You Are The Quarry” y “Ringleader Of The Tormentors”. “Irish Blood / English Heart” fue el segundo golpe de efecto que lanzó bajo el potente soporte de una banda en la que permanecía el eje de Boz Boorer y Gary Day frente a la reciente incorporación de Jesse Tobias, guitarrista y co-autor de varias de las canciones de “Ringleader Of The Tormentors”. En medio, Morrissey ejercitaba su particular fraseo y aprovechaba para soltar esos comentarios que han adornado tantas anécdotas. Hacía guiños a fans, de los de verdad, como la británica Julia y el madrileño Manuel Ríos, y se hacía la señal de la cruz con descaro ante la retahíla de hits que fue lanzando: “Youngest Was The Most Loved”, “You Have Killed Me”, “Still Ill”, “Girlfriend In A Coma” o la certera “First Of The Gang To Die” aceleraron el pulso del concierto, que también dio salida a caras B, como “Ganglord”, la palabra que adornaba la entrada del camerino de Mozzer.

Entonces ocurrió que el ritmo se ralentizó para dar lugar a medios tiempos como “Let Me Kiss You” o “Trouble Loves Me” y evidenciar la posibilidad de encontrarnos ante un crooner en plena madurez. Porque, aunque su música tenga un toque clarísimo de identidad, se empieza a notar la querencia del cantante por aquellos sonidos que gente como Frank Sinatra, Matt Monro, Chuck Jackson y demás supieron poblar con sus gargantas. Aunque él nunca dejará de cortar por el lado del rock. De su rock. Evidentemente, se echaron de menos algunos de sus hits: No cayó la inmensa “There’s A Light That Never Goes Out”, ni “Everyday Is Like Sunday”, pero eso parecía no importarle. Él seguía dando latigazos al aire con el cable del micro mientras desgranaba sus historias de encuentros y desencuentros sentimentales. Hasta sellar la noche con “How Soon Is Now?” y la reflexiva “Life Is A Pigsty”. Con esta canción el británico dijo adiós a un FIB Heineken que ha vivido de cerca la emoción de llamarse Morrissey, en un concierto en el que el recuerdo a Syd Barrett y la mirada de Oscar Wilde como telón de fondo cerraron un círculo único.
 

Mejor momento: El inicio de “Irish Blood / English Heart”. El suelo tembló, sí que lo hizo.

Foto: Óscar L. de Tejeda


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