El Escenario Verde parecía un campo de batalla baldío (de no ser por los centenares de miles de vasos y botellas de plástico) y desolado tras la experiencia Franz Ferdinand. Olor a sudor, feronomas y lujuria de joven macho, junto con algún fétido pastel grumoso de kebab, crépe y alcohol vertido por alguna subespecie degenerada de mono daban una poco agradecida bienvenida a una de las bandas por descubrir del festival. Morning Runner venían con el aura de haber sido la confesada inspiración de Coldplay para la composición de su álbum “X & Y”. Si eso era algo bueno o malo era algo que teníamos que desvelar. Tras el concierto, la sensación que nos queda es que al pop guitarrero de los londinenses le encaja mejor el sudor de sala pequeña que un escenario postclimático en un ambiente festivalero. En directo, la banda de Matthew Greener suena, más que a Codplay, a una fusión entre Stereophonics y Starsailor con ganas de ir de fiesta a las 17 h. a por té y pastas. Los británicos retuercen las melodías en pañuelos de súplicas aguitarradas que estallan en un sinfín de destellos melódicos luminosos para celebrar preferentemente en la intimidad. En el show fueron apareciendo los temas que conforman su LP de debut y sus singles anteriores, haciendo especial hincapié en los temas más animados de su repertorio, por aquello de no tentar la suerte, que las horas eran las que eran. Las alegres -es un decir- “Have a Good Time”, “The Great Escape” o “It’s Not Like Everyone’s My Friend” fueron abriendo el paso a uno de los mejores temas del grupo, el contagioso “Burning Benches”, que cerró una actuación tratando de reivindicar el disco de debut de los británicos, “Wilderness Is Paradise Now”, como el “Parachutes” revisitado en el 2006.
Mejor momento: El bueno de Matthew Greener confesando ante una explanada desangelada y alicaída que estaba viviendo “la mejor noche de su vida”. Todavía no sabemos si era parte de su terapia antidepresiva o simplemente una muestra más de ácido humor inglés.
Foto: Óscar L. de Tejeda