
Respeto para esta banda. Es admirable cómo conocen todos los trucos del directo. Para empezar, la escenografía resulta impecable, con esa iconografía en cuatro paneles con sus caras, arte alemán de principios de siglo. La música también suena a principios, pero en este caso de los ochenta. Franz Ferdinand sobre el escenario son la culminación lógica e ideal del primer disco de Spandau Ballet (“Journeys To Glory”). Empezando con la denominación prusiana del grupo y acabando con la dinámica pose escénica (luego Spandau se volvieron excesivamente extravagantes, abrazando la comercialidad neorromántica, y se alejaron de su propia criatura). Vale, les falta la batería electrónica, pero eso era la moda entonces y no ahora, afortunadamente.
El modelo es bueno, en España le sirvió a Danza Invisible, y Franz Ferdinand le sacan el mayor partido posible. Saben combinar todos los mejores efectos rítmicos, la urgencia, la electricidad sincopada. Y añadir todos los ganchos recopilados por sabios escuchadores del pop. Por eso las canciones resultan todas espectaculares en el directo, porque tienen esos recovecos que explotan como espectaculares fuegos artificiales. Hay un islote: “Eleanor Puts Your Boots On” es una melodía clásica del pop, muy británica, y por consiguiente recuerda a The Kinks. Otras veces es Teardrop Explodes la referencia, y ahí es cuando más brillan, cuando las melodías miran más atrás bajo el prisma de Julian Cope. El concierto es un repaso arrollador en el principio, cargado de hits: “This Boy”, “Come On Home”, “Auf Achse” (aquí recuerdan a Visage), “Do You Want To”, “Tell Her Tonight”, “The Dark Of The Matinée”… y aunque espese algo hacia el final, hay un regalo (una cara B: “L. Wells”) y un clímax impecable (“This Fire”). Sumado a la respuesta enloquecida del numerosísimo público, un triunfo indudable de una banda en su punto álgido.
Mejor momento: La “espectacular” presentación de cada uno de los miembros de la banda, autoparodia sin duda de los momentos más patéticos del rock de estadio (varias canciones después se regalan momentos personalizados y hasta cae un amago de solo de batería, pero esa es otra historia).
Foto: Óscar L. de Tejeda