Conciertos
Echo & The Bunnymen
Texto: Guillermo Z. del Águila

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Cantos gregorianos para anticipar algo sublime y espiritual… pero de repente las guitarras aceradas de “Lips Like Sugar” cortan el aire avisando que traen los dientes bien afilados. Los de Liverpool se han dado cuenta de que para recuperar la gloria de la banda original que se separó en 1988 (el batería Pete De Freitas falleció en 1990 y el bajista se retiró hace unos años) era necesario pasar de cuarteto a sexteto. Lejos de esa versión baladística que regresó en 1997 recuperando su épica romántica, este nuevo formato (dos guitarras y teclados) les rejuvenece con una energía arrolladora. Eso era también lo que los hacía únicos y geniales: la electricidad multicolor con la que repasan ahora su repertorio, incluyendo muchos temas de sus primeros álbumes. Más psicodelia eléctrica que baladas. Y una urgencia que se mantiene vigente porque Echo & The Bunnymen no se limitan a recrear sus temas antiguos, los viven.

Su sonido siempre ha sido atemporal, y una muestra es que de su álbum “Siberia” del año pasado suenan dos temas: “Stormy Weather” entre “Lips Like Sugar” (1986) y “Seven Seas” (1984) sin notarse diferencia, pero aún es más fuerte “Scissors In The Sand”, que deslumbra integrada con perfecta continuidad entre “The Disease” y “The Back Of Love”, dos canciones con más de veinte años. Es cierto que la voz de Ian McCulloch, después de haberse fumado medio estado de Virginia, no tiene la exhuberancia de su juventud, pero la solidez de la banda le permite reservarse para cuando es necesario. “The Killing Moon” (que presenta como la mejor canción del mundo) todavía es inimaginable sin su voz, y el momento crooner, con el homenaje a The Doors (“Benicàssim Lady”) que intercalan en “Villiers Terrace” le sirve para demostrar que aún pueden presumir de cantante. Muy posiblemente estén ahora en su mejor momento sobre los escenarios. Será difícil superar este concierto.

Mejor momento: La guitarra de Will Sergeant es pura pirotecnia al alcance de muy pocos guitarristas contemporáneos.

Foto: Óscar L. de Tejeda


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