Lo bueno de que te guste un grupo como dEUS (primera banda belga indie que fichó por una multinacional) es que, si tocan en el Escenario Verde, los tienes para ti solito. Casi. Al menos comparado con Depeche Mode, porque la banda belga es de esas que funcionan boca a boca, y a lo tonto a lo tonto acaban agotando entradas en sus giras, la última de ellas, la presentación de su primer álbum en siete años, “Pocket Revolution”. Una vuelta en plena forma tras aquel “The Ideal Crash”. El caso es que su rock golfo y marciano, influenciado por The Doors y Cale, y hermano de Afghan Wings, repleto de cambios de ritmo, distorsiones, violines electrónicos y teclados, estalla como petardos en cuanto se les pone en las narices. Y ayer se les puso varias veces. Desde la apertura de “Turnpike”, hasta ese “Roses” final, pasando por la lírica de “Instant Street”, el freak rock de “Sun Ra”, el rock free de “Little Arithmetics”, el toque caribeño de los teclados en “Nothing Really Ends” o esa enorme “Bad Thing” ejemplo de la fórmula dEUS. ¿Qué cuál es esa receta? Voz mitad íntima, mitad rasposa, más guitarras eléctricas formando bucles por alrededor, más bajos gordísimos, más batería a su bola machacando, más efectos extraños de violinista trepanado. Luego cada uno a su onda y a darle. Acelerando y haciendo crecer las canciones a espasmos, como una Minipimer batiendo un ruso blanco, sirva como ejemplo “Bad Timing”. Todo eso a pesar de que el show de ayer les quedase un poco plomizo a ratos, sobre todo para aquellos que no conocían a la banda. Lo que tocaron ayer, espasmos de Tom Barman (único miembro original de la banda junto al teclista/violinista Klaas Janzoons) incluidos, fue un golpetazo en los oídos. Ferocidad alternada de golpes extrañamente delicados. Diría “terremoto”, pero después de escuchar a La Terremoto de Alcorcón este adjetivo quedará sólo reservado para ella, hito en el FIB Heineken). En cualquier caso, sacudidas bizarras. Algo bueno para dejarse en las orejas de último recuerdo
Mejor momento: La gente cantando “Suds & Soda” a voz en grito y flipando cuando Barman empieza a recitar brevemente el estribillo de “Sabotage” de los Beastie Boys.
Foto: Óscar L. de Tejeda