Resulta curioso cómo la banda que conquistó los estadios subvirtiendo todos los parámetros del rock, alcanzando una comunión total con las masas sin necesidad de guitarras ni batería, sólo a base de techno, ha acabado tocando con un batería panorámico que parece sacado de una banda de A.O.R. y con su líder musical, Martin L. Gore, casi completamente pegado a una guitarra. A veces toca con ella melodías que antes eran sintetizadas y ni se nota. Han pasado 15 años desde su conquista de la cumbre y hay que admitir que no da la impresión de que por ellos hayan pasado tantos. Dave Gahan sigue siendo uno de los mejores animadores de masas y un exhibicionista incorregible, para tener edad de ser padre de un tercio de la audiencia y haber pasado varios minutos muerto (toma ya, Doherty), se mantiene en una forma envidiable. El resto de la banda (con el batería y un teclista adicional) mantiene el tipo tanto en la escenografía como en el sonido. El gran logro de Depeche Mode fue convertir la frialdad maquinal del techno en un sonido crudo y carnal, apelando a los instintos más básicos sin renunciar a un cierto romanticismo melódico.
Por eso Dave Gahan menea el culo y se agarra los testículos. Antes era subversiva esa pose tan rockera en un sonido totalmente sintetizado. Por supuesto, este nuevo formato de banda no pierde nada de esa visceralidad, todo lo contrario, aunque pague el precio de renunciar a parte de lo que les hizo especiales al anclarse al ritmo megalítico de la batería. Comienzan algo lastrados, por una ligera discontinuidad entre canciones (pausas demasiado largas) y, sobre todo, por el repertorio: alternan canciones grandes (“A Question Of Time” transformada a formato de banda rock, “Walking In My Shoes”, “Stripped”) con otras menores de sus discos más recientes. Claro que, si se trata de repertorio, Depeche Mode tiene un arsenal infalible al que recurrir. Tras “John The Revelator” comienza el éxtasis: una “I Feel You” cargada de plomo (casi heavy metal) da paso a “Behind The Wheel”, “World In My Eyes”, “Personal Jesus” y “Enjoy The Silence”, que pone punto final a la primera parte. Los bises los abre Martin L. Gore con una balada (la ya clásica “Somebody”) y, tras felicitarle el cumpleaños, vuelve Dave para cantar la primera canción que grabaron (“Photographic”, si su autor Vince Clarke la escuchara ahora con batería le daba un infarto) y despedirse con la infalible “Never Let Me Down”, puro éxtasis complementado con algo de Viagra.
Mejor momento: Justo cuando comienza “I Feel You”, dando paso a la irresistible serie final de temazos, aparece en los monitores la palabra “Sex”. Es el punto de inflexión, demostrando que no hay que olvidar de qué va todo esto.
Foto: Óscar L. de Tejeda