
Sí, al final se presentó. Y tocó. Y cómo. El indómito, odiado, amado, vapuleado, reivindicado, inabarcable Pete Doherty aparece diez minutos después que el resto de su banda, se tambalea por el escenario, saluda con la cabeza gacha al respetable, se arranca con esfuerzo la camiseta, da la orden a Patrick Walden y los primeros acordes de “Pipedown” empiezan a sonar. Desde el primer tema, el espíritu urgente, rebelde, áspero y, claro que sí, también errático, del disco de debut de Babyshambles, “Down in Albion”, invade el escenario mientras el Johnny Rotten de la generación actual lo va reinterpretando según lo requiera la ocasión, a son del reggae de “Killamangiro”, del punk de urgencia de “La Belle Et La Bête” o del rock de garrafón de “Sticks and Stones”, que todo cabe en la propuesta de los británicos. No faltó el guiño de recurrir a algún viejo himno de los Libertines como “Time for Heroes”, para que los fibers cayeran rendidos. Y, como colofón perfecto, un final con el público coreando hasta la afonía “Fuck Forever”, entronando el tema como uno de los himnos del FIB Heineken 2006. En forma, el londinense demostró que no hay muchos frontmen que le puedan hacer sombra en la actualidad. Dejó muy buen sabor de boca y la sensación que sólo le falta un movimiento musical que le genere el contexto necesario para transformar su espíritu arcádico en un fenómeno sociológico de dimensiones masivas.
Mejor momento: Al grito de Doherty, aparece tambaleante en el escenario el exlíder de The Pogues, Shane MacGowan, entrado en kilos, pálido, sudoroso, cubata en mano. Pero sólo le hace falta coger el micro y empezar a entonar el viejo de himno “Dirty Old Town”, para que el Fiberfib.com se venga abajo. El ritmo alcohólico y festivo del tema de los Pogues transforma la carpa en una taberna irlandesa liderada por un MacGowan perdido en su propia ebriedad. A su lado, el bueno de Pete parecía un jesuita el día de su primera comunión.
Foto: Francois Ollivier