12Twelve son probablemente la mejor banda que existe ahora en directo. Funcionan en la cercanía, con sutilezas, pero también se adaptan a un espacio más amplio con más volumen. Tienen ritmo, a veces varias cadencias superpuestas, para que elijas la que mejor te viene en ese momento. Tienen sensualidad e intensidad. Resulta algo milagroso transmitir algo tan visceral con un formato exclusivamente instrumental y un componente jazz tan marcado. A priori no debería funcionar algo así de una manera tan directa. Por supuesto, la forma en la que atacan el jazz no tiene nada de académica, lo retuercen en una expresión volcánica donde el ruido es un instrumento más. Eso también lo hacen otros, que integran el jazz incluso en el hardcore, pero siempre pecan de excesiva intelectualidad y a veces demasiada matemática. En 12Twelve no parece que sea el cerebro el que mande, sino el instinto. Hay que ser muy buen músico para funcionar así, y ellos lo son. Juntos funcionan como uno sólo, en constante contacto visual, como los mejores cuartetos, abiertos a expandir, contraer, subir, bajar, parar, explotar, todos a la vez como un conjunto infalible. Además, su actuación contagia, y estamos hablando de un sonido a priori no excesivamente digerible. Pero el público se deja llevar hasta puntos insospechados. A mi lado había un par de parejas abandonadas a un frenesí sexual al que sólo el funky más dislocado es capaz de conducir. Hubo quien comentó que parecía música para una orgía. Es mucho más, es música para eso pero también para escuchar moviendo las caderas, para dejarse llevar por el torrente sónico, para explorar los caminos psicodélicos de la mente… Una experiencia sónica de primera magnitud.
Mejor momento: Cualquiera de esos muchos en los que el grupo se mira entre sí y sostiene el sonido en un acorde de ruido para recuperar el ritmo de manera explosiva… fascinante.
Foto: Javier Rosa