
Ha sido una de las décadas que más adiciones y enconos ha generado. Demasiados sentimientos encontrados en torno a diez años de cambios, postmodernismos, canciones, colores chillones, abrigos negros largos, cardados y demás tics que han hecho de los ochenta un período que, para bien y para mal, parece mantener una vigencia que sigue alumbrando el camino de muchos. En el arte se desataron variopintas expresiones, lenguajes lanzados a la última, cosmopolitismos que, en muchos casos, apenas han resistido el embate del tiempo. Y la música no iba a ser la excepción. Diversos sonidos, amparados en sus respectivas escenas, dejaron sendas imágenes y discos en una década en la que convivía la laca con el pantalón de cuero, las portadas llenas de rimel y las camisas de flores con los guardapolvos y las tachuelas: Post punk, techno pop, neo psicodelia, nuevo rock americano, garage, new romantic, electronic body music, siniestrismo, hip hop, acid, balearic, etc. Tantos estilos pululando en medio de un mundo convulso en el que personajes como Lech Walesa, Mijail Gorbachov, Lindsay Kemp, Andy Warhol, Christian Lacroix, Uri Geller o Keith Haring convivían con Grace Jones, Bronsky Beat, The B-52’s, Boy George, The The, Michael J. Fox, Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, Sinitta, Lydia Lunch o Twisted Sister, entre otros, juntos y revueltos, en nuevas formas de comunicación. Independientemente de todo el batiburrillo de clichés, es importante destacar que también hubo gente que perfiló un camino que muchos siguen en la actualidad.
De un modo lógico, las influencias se dejan notar y su poder resiste el paso del tiempo. Por eso grupos como Depeche Mode, The Cure, R.E.M., Siouxsie And The Banshees, Joy Division, Bauhaus, Orange Juice, Kraftwerk, Pet Shop Boys, The Cramps, O.M.D., Cocteau Twins y The Smiths, entre otros, han extendido su hechizo hasta hoy. Justamente hablando de The Smiths podríamos escribir muchas páginas en torno a una banda especial como pocas. Una suma de talentos que supo parar en su momento para ocupar un lugar de leyenda. Y todo con la frente muy alta. Del mismo modo que los ochenta se vieron plagados de clones de Dave Gahan de Depeche Mode, también hubo, y sigue habiendo, gente que asume en su totalidad el carisma de Morrissey. Lo mismo ha ocurrido con Johnny Marr.Muchos guitarristas se han fijado en su peculiar modo de tocar la guitarra. Si observamos con perspectiva, podremos ver que en los ochenta existió un pop que, lejos del efectismo y la épica, mostraba querencia por la melancolía en todos sus grados. Grupos como The Housemartins, The Ocean Blue, Trash Can Sinatras, The Go-Betweens, The Adventures, APB o Everything But The Girl, en algún momento de su carrera, han flirteado con sonoridades cercanas a The Smiths con variados resultados. Algunos compartieron el sonido y otros siguieron los postulados del cuarteto.
La prensa les trató de muchas maneras. ¿Y qué pensaba la gente de ellos? Para algunos era un grupo muy blando, para otros Morrissey y Marr eran los herederos de una tradición en la que Leiber y Stoller, Barry y Greenwich, Lennon y McCartney, Terri Melcher, The Byrds o los propios The Go-Betweens, se daban la mano haciendo de la composición un verdadero arte. Para unos era una banda afectada y amanerada y para la mayoría un chorro deslumbrante de talento. Sea como fuere, lo cierto es que el influjo de la banda es extensivo a través del tiempo. En los noventa, por ejemplo, sellos como Sarah Records y bandas como Another Sunny Day, Field Mice, The She-Brews, Gene o Echobelly profesaban su admiración por ellos, y en la actualidad la suma sigue y crece. The Organ, The Lucksmiths, Camera Obscura y Belle & Sebastian, entre muchos otros grupos atestiguan su admiración por los Smiths. Hoy, Morrissey recuerda aquellos días con la sorna que le caracteriza. “Éramos un grupo de gente que hacía música sin ningún deseo de celebridad”. Pero no tarda en evitar cualquier tipo de emoción en torno a una posible reunión del grupo: “No, en absoluto. Han pasado dieciocho años desde que nos separamos. No se nada de ellos y ellos no saben nada de mí”. Así queda la leyenda, en la bruma de la distancia. Así pervive la fascinación de un cancionero fastuoso que ha resistido a cualquier década, a cualquier recuerdo borroso de la memoria. Pasará el tiempo y, como en otros grandes casos, su música seguirá viva, inspirando y motivando los sueños de muchos. Del mismo modo en el que sus canciones han acompañado nuestros avatares sentimentales, nuestros silencios y anhelos.