Aplaudimos con fuerza a aquéllos que hayan estado en todas las ediciones del festival y les invitamos a que sigan protagonizando los mejores momentos del verano en Benicàssim, cerca de sus bandas, sus amigos y el sol. A eso se le llama anticipación y fidelidad, sí señor: ¡Clap, clap clap! Nosotros hemos tenido que echar mano de la máquina del tiempo y nuestro científico loco particular (Doc. Linares) para recuperar anécdotas delirantes, actuaciones épicas y secretos nunca revelados. Nos introducimos en nuestro bólido particular (no quedaban modelos del Delorean de Michael J. Fox, así que un 2CV servirá) y marcamos un año al azar. Agárrense que vienen curvas. ¡Uaaaaaauhhhh! Estamos en 1997, el condensador de fluzo ha funcionado perfectamente, pero el lector de datos está algo caliente. Mmm…a duras penas podemos leer que ese año Liam Gallaguer se casaba con Patsy Kensit en Westminster a las 8:30 a.m. ante sólo dos testigos, la Spicemania se extendía por todo el mundo y Jeff Buckley se ahogaba en el río Mississippi tras la larga sesión de grabación de su segundo disco. ¿Y qué ocurría en Benicàssim ese agosto? ¡Dios! La mítica tormenta, un aguacero destructor que convirtió en pesadilla total momentos de un domingo pop. Recordamos a Urusei Yatsura recibiendo la ira del trueno en plena actuación mientras la gente corría en todas direcciones buscando cobijo desesperadamente. Doc. Linares se dirige como puede hacia el velódromo y, a escasos centímetros de su cara, pasa una plancha metálica que podía haberlo dejado tieso y sin cabeza en el acto. Suena Broadcast en el escenario Maraworld mientras el viento arrecia con una potencia inusual. ¿El apocalipsis? ¡Oh, milagro! Todo cambia minutos después y surge una noche resplandeciente. Los meteorólogos locales afirman no haber visto jamás algo así.
También fue el primer año de Suede, Blur, Pavement, Teenage Fanclub y Dinosaur Jr. Casi nada. Cambiamos de tercio y las nuevas coordenadas del bólido retrofuturista nos direccionan hasta el 2001. Con un cartel que incluía a James, Pulp, Manic Street Preachers, The Flaming Lips o P.J. Harvey como pesos pesados, otros como Belle & Sebastian y Death Cub for Cutie dejaron muy buen sabor de boca. Élena, Niños Mutantes o Chucho se encargan del cupo nacional. ¿Anécdotas? La Harvey deja extasiados a miles de espectadores con una actuación apoteósica y Wayne Coyne le dice a Doc. Linares que desde ese mismo instante ha decidido que siempre va a salir a tocar vestido con traje y que sus canas y su savior faire le colocan muy por encima de tanto inglesito brit-pop con modales de periferia y nivel cultural deplorable. ¡Él es el nuevo gentleman del backstage! Con permiso de Nick Cave, claro. Saltamos hasta 1998, más conocido como “el año Björk”. Lágrimas entre el público. Björk es una diosa del norte en pleno mediterráneo, y su porte fantasmal sorprende hasta los mismísimos roadies, que se quedan patidifusos ante la majestuosa entrada de la islandesa por el pasillo del backstage. Otro momento curioso: Boby Gillespie (Primal Scream) y Goldie (se rumoreaba que era ya el compañero oficial de Björk) empiezan a practicar una suerte de danza con patadas, estilo capoeira, ante decenas de vips. Cuando la cosa se pone fea (las patadas cada vez llevan más intención) lo dejan estar. Resituamos los dígitos de la máquina del tiempo en el 2004. ¿Qué demonios están haciendo Kraftwerk antes de apoderarse del control total en el Escenario Verde? Se colocan en formación cual escuadrón de asalto; toman aire profusamente, lo sueltan al unísono y suben al escenario con un ritmo marcial que ni en Berlín 1939. Justo en ese instante, Neil Tenant de Pet Shop Boys, fan declarado de los teutónicos, fotografía como un poseso todo el backline de Kraftwerk (en su web pueden verse las instantáneas). ¿Algo más? Franz Ferdinand debutan en el FIB (¿quién lo diría después de lo del sábado?), Brian Wilson provoca espasmos masivos y Morrissey llama y dice que no viene. ¿Vamos a los inicios?
En 1995 da comienzo esta aventura. Sensación general de que todo el mundo estaba a prueba, incluso los grupos. Entre el público se ven las primeras camisetas a rayas mientras los más cools bebían los vientos por el lounge. Todo tiene ese aire a estreno y alguien piensa, y acierta, que la cosa va a hacerse grande. ¿El cartel? Ride, The Charlatans, Echobelly, Supergrass, Los Flechazos, Sr Chinarro. Ese mismo año Richey James (Manic Street Preachers) dejaba su habitación del hotel Embassy en Londres a las 7:00 a.m. y desaparecía sin dejar rastro. También fue el año Blur-Oasis. Los primeros ganaron a los segundos en la batalla del single del nuevo disco. “Country House” vendía 274.000 copias frente a las 216.000 de “Roll With It” la primera semana. En Los Ángeles la policía encontraba a Dave Gahan (Depeche Mode) con cortes en las muñecas en un aparente intento de suicidio mientras Jarvis Cocker (Pulp) se enfadaba en un programa de tele noruega tras estropearse el equipo y se lesionaba un pie dándole una fuerte patada a un micrófono. Llega el 2000 con un cartel muy brit-pop. Elastica, Embrace, Oasis, Primal Scream, Richard Ashcroft y Placebo. También es el primer año de Perry Blake y su tristeza infinita, o el de Lambchop y Mojave 3. Cuentan que Johnny Marr tuvo un encuentro con fans organizado por el Festival. Llega el momento y los llamados fans no reconocen al guitarrista en la sala de prensa. Su pinta del momento era una mezcla entre roadie pasado de vueltas y coleguita vallecano de Ramoncín. Avanzamos sólo dos años más. La mejor anécdota backstage la protagonizan Black Rebel Motorcycle Club. Ellos, tan negros y rebeldes, deciden vestirse como si estuvieran en su tierra natal: dos camisetas cada uno, pantalones y chupas de cuero a lo Brando en “Salvaje”, botas de piel y más sustancias de las tolerables a 37º centígrados a la sombra.
Las dos entrevistas y media que dieron pasarán a la historia. La mujer de la limpieza pasó el mocho quejándose de “esos rockeros que se mean por todas partes”. En mi tierra lo llaman sudor. Doc. Linares consigue entrar en el camerino de The Cure y pilla a mamá Smith arreglándole el pelo al señor de la noche. Todos beben vino antes de salir al ruedo. Algo después, los padres de Robert Smith acompañan al grupo al escenario mientras los roadies alucinan con la elegancia de la parejita de abueletes. Gran show de The Beta Band con el público en los bolsillos de sus monos blancos, Radiohead deslumbran y DJ Shadow descoloca. ¿Volvemos atrás? 1996 ofrecía un cartel de mucho cuidado: Stone Roses, Garbage, Orbital, The Bluetones, Shed Seven o Stereolab. ¿Nacionales? Nosotrash, Dover, Parkinson DC, Manta Ray, Corn Flakes o Beef. Cuentan las crónicas que Le Mans dieron un show muy estático, que Jesus & Mary Chain llegaron con esposas y críos y que, antes de tocar, el mánager les puso en su sitio: “¡Dejad de lado el rollito familiar y sacad el rock de vuestras venas!”. La entrada costaba 9.500 ptas. La máquina de datos del 2CV señala un dato interesante de ese año: Morrissey y Johnny Marr fueron condenados a pagar 1,6 millones de dólares al batería Mike Joyce, tras reclamar el 25% de los beneficios en lugar del 10% que se le había pagado desde hacía demasiado tiempo. Ejem… ¿Algo para recordar de 1999? Una rueda de prensa con un telepredicador de lujo: John Spencer, ante las pocas embestidas de los periodistas allí convocados, decide coger el toro por los cuernos y suelta unas cuantas perlas a modo de acoso y derribo: “¿Quieren preguntar? ¡Pregunten! ¡Aquí John Spencer dispuesto a defenderse!” La carpa Galax-Nitsa de ese año fue espectacular: 4Hero, Carl Craig, DJ Shadow, Jimi Tenor, Hell, Angel Molina, Green Velvet, Ganja Kru. Viajamos cuatro años adelante y nos plantamos ante un cartel de aúpa: Beck, Moby, Daniel Johnston, Calexico, The Postal Service, Múm, Richard Hawley, Beth Gibbons. Ian Mc Culloch (Echo & the Bunnymen) coge su guitarra en el camerino y se dispone a improvisar mientras Richard Hawley, que pasaba por allí, entra y decide apuntarse.
Doc. Linares todavía está buscando la grabadora que hubiera podido registrar un “Killing Moon” apoteósico. Minutos antes de la actuación de Suicide aparecen en el pasillo que da entrada al escenario dos tipejos de riguroso negro, gafas de mosca y aspecto macarra muy desafiante, peligrosos a matar. Los roadies se hacen a un lado, no osan detenerles porque llevan pase de acceso total. ¡Mierda, son Suicide! Bellísimas personas, dicen. Nuestro 2CV, recalentado por tanto ajetreo temporal, decide ir adelante-atrás y apearse definitivamente en el 2005. Año de glamour en la piscina de artistas, todo sea dicho. La elegancia y la parsimonia la ponían dos de los grandes, Nick Cave y Richard Hawley, ambos charlando bajo unas sombrillas y dejando pasmados a miembros de Keane, Kasabian o Hot Hot Heat que, lejos de acercarse, mantenían prudente distancia como si se tratara de dos leyendas vivientes. ¿Cash, Orbison, Elvis? Casi casi. ¿El cartel del año pasado? Será difícil olvidar a los ya mencionados, o a Oasis emocionando a las masas, Kaiser Chiefs anticipando el vendaval en que se iban a convertir, Dinosaur JR a muerte y The Cure en su segundo año en el FIB. Grande, muy grande ese 2005. El destartalado 2CV se queda sin gasolina, pero reposta y nos conduce hasta hoy mismo, a la misma hora en que estás leyendo esto. ¿Qué está sucediendo y qué va a suceder? God only knows…