Precursores y líderes sin discusión del revival ska que triunfó a finales de los setenta y principios de los ochenta en inglaterra, la mítica banda de camden sirve como confesado espejo en el que se miden referentes de actualidad como Franz Ferdinand, Gwen Stefani o Kaiser Chiefs. ahora, se han reunido de nuevo para presentarnos “The Dangermen Sessions, vol. 1” (v2, 05), una contagiosa sucesión de versiones de clásicos del reggae y ska que rinden homenaje a sus propias influencias. En su penúltimo regreso nos sorprendieron con el más que aceptable “Wonderful” (Virgin, 99), una agradable sucesión de temas de pop melódico que, las modas mandan, no gozó de unas ventas que permitieran prorrogar la reunión. Es cierto que el disco, pese a sus virtudes, no conservaba prácticamente nada del espíritu que hizo que Madness revolucionara el panorama inglés veinte años antes. Y eso que nacieron ni más ni menos que en 1979, el año en que el punk empezaba a ser un recuerdo, al menos en lo musical, y bandas como The Police o Talking Heads tomaban el relevo triunfando con sus “Regatta de Blanc” y “Fear of Music”, mientras The Clash y The Jam mantenían el pulso con sus gigantes “London Calling” y “Setting Sons”; el año en que la música y estética disco infectaba las almas de millones de ciudadanos alrededor del mundo y teñía con su influencia los discos de bandas asentadas como Kiss con su “Dinasty”, o los Stones en su “Emotional Rescue”, que editarían un año más tarde.
Fue en este contexto tan variopinto, hervidero de libertades creativas, en el que siete jovenzuelos londinenses deciden llevar al terreno de lo tangible sus querencias hacia el soul de Wilson Pickett, al ska de Prince Buster (el nombre de la banda procede de una de sus canciones) o al pop atemporal de the Kinks y, tras tres años de rodaje en ensayos y clubs, publican “One Step Beyond…” (Virgin, 79), eclosión festiva e incendiaria de influencias variopintas con un aglutinador sonido propio, al que denominan “nutty sound” (algo así como “sonido chiflado”), que quedará registrado a partir de entonces como marca de la casa. El trabajo contiene hitos del género como “The Prince”, “My Girl”, “Night Boat to Cairo” y, por supuesto, la versión del “One Step Beyond” del recuperado Prince Buster.
Su éxito les lleva a liderar el revival ska en las islas, que continuaría durante los primeros años de la década gracias a la aportación de bandas como Specials, Bad Manners o The Selecter. Sin dar espacio al descanso, Madness contraataca el mismo año con un continuista “Absolutely” (Virgin, 79). Nuevos himnos para la Inglaterra ensombrecida y deprimida de finales de los setenta. “Baggy Trousers”, “Embarrassment”, “Not Home Today” o “Take It or Leave It” se cuelan en las emisoras de éxitos y hacen crecer su ya por entonces nutrido grupo de fans. Un año de giras y nuevas experiencias provocan que la banda repose respecto a su actitud iconoclasta y evolucione hacia los ritmos más propios del pop, dando origen a sus dos discos más melódicos: “7” (Virgin, 81), hogar de algunos de sus temas más reconocidos, como “Grey Day”, “Cardiac Arrest” o “Shut Up”, y el que para muchos sigue siendo su mejor disco y momento álgido de su discografía, “Rise and Fall” (Virgin, 82), capitalizado por su tema más veces radiado y coreado, ese enganchadizo e irresistible “Our House”.
A partir de ese momento, la desidia que casi siempre persigue al éxito, la inevitable madurez de los componentes y, sobre todo, la huida del cerebro en la sombra de la banda, el teclista Mike Barson, degeneran en un final de discografía menos meritorio y prescindible, formado por “Keep Moving” (Virgin, 84) y “Mad Not Mad” (Virgin, 85), de los que sin embargo todavía surgen singles que dignifican el ocaso, como “Sweetest Girl”, “One Better Day” o “Michael Caine”. La separación, a mediados de 1986, no sorprende a nadie. Una breve reunión dos años después da paso a un silencio que se rompe en 1992, cuando la banda resurge con Madstock, una especie de festival anual, liderado por ellos mismos, que duró cuatro años. La vuelta con “Wonderful” ha sido la última previa antes de esta nueva reunión. Con cinco de los siete integrantes originales de la banda (Mike Barson entre ellos), la presentación de “The Dangermen Sessions, Vol. 1” durante los últimos meses ha alternado shows en pequeñas salas, en los que apenas han tocado temas antiguos, con conciertos revival donde han trufado los repertorios con sus hits de los ochenta. Este último será el caso del show de esta noche, que promete ser un melting pot exquisito donde la nostalgia por la recuperación de temas que han marcado los primeros años de vida de muchos de los asistentes al festival se mezclará con el entusiasmo de aquellos que los descubren por primera vez.