El hecho es que las cosas cambiaron cuando el sonido de un sintetizador se cruzó por sus oídos. Seguramente nunca sospecharon que llegarían a ser una de las dos formaciones más influyentes de la electrónica de todos los tiempos. Como los grandiosos Kraftwerk, Depeche Mode son esenciales. Tanto como para haber influido en todo aquel individuo que haya vislumbrado el futuro envuelto en teclados, procesadores, cajas de ritmo, mesas de mezclas, ordenadores y demás prodigios de la síntesis. Desde los ochenta hasta hoy han pasado muchas cosas, muchas capas estilísticas, escenas, bandas y sonidos que, sin embargo, le deben mucho al arrojo de unos muchachos de Basildon que un día decidieron que querían y podían hacer algo con las ideas que se les cruzaban por la cabeza. Aunque no todo fue tan sencillo como parece. “Realmente odiaba vivir en Basildon. Quería irme tan pronto pudiese hacerlo. Pensaba que estar en una banda sería una buena forma de escapar de allí. Había muy poco que hacer. Era uno de esos lugares donde sólo podías beber porque era la única opción”.
De esta manera, Martin Gore mostraba el clima que reinaba en la ciudad por aquellos días. Situándonos en su descripción, la Inglaterra de los ochenta se asemejaba a un territorio gris en el que la autogestión era determinante para sobrevivir a la rutina. Por ello, no era extraño que, tras el empujón del punk, muchísimos jóvenes optaran por coger una guitarra en lugar del volante de una furgoneta de reparto. Levantarse o hundirse. Dos de esos muchachos eran Vince Clarke y Andy Fletcher. Fascinados por el glam rock, por el sonido de gente como Sparks y por las oscuridades del after punk, formaron un grupo llamado No Romance In China. “Queríamos tener el sonido del “Three Imaginary Boys” de The Cure, queríamos ser The Cure”, recuerda Fletcher.
Pero la experiencia en el terreno de las guitarras duró muy poco tiempo. Martin Gore, un buen amigo de Fletcher, incorporó su sintetizador a la banda y ese fue el preciso instante en el que decidieron cambiar su sonido. ¿La razón? La impericia del grupo para tocar guitarras: Mejor era soltar su imaginación sobre una superficie llena de teclas. Gore, que venía de tocar con Norman & The Worms, supuso el cambio al que Clarke se sumó sin problemas. Su entusiasmo por los sonidos de Kraftwerk, O.M.D. y Gary Numan le llevaron a comprarse un pequeño sintetizador: No Romance In China fue dando paso a Composition Of Sound. Héroes para siempre Una tarde un amigo fue a un ensayo del grupo llevando consigo a un curioso Dave Gahan que, aprovechando que el grupo intentaba tocar una versión de “Heroes” de Bowie, cogió el micro y cantó la letra de aquella canción. Entonces los chicos del grupo se fijaron en aquel new romantic que no temía estar frente al micro. Tras unos meses de ensayos con Dave Gahan como vocalista llegaría el cambio. Un 29 de octubre de 1980 estrenaban el nombre de Depeche Mode, tomado de una revista francesa de moda, y empezaban a escribir el libro de oro del technopop de todos los tiempos. La marcha de Clarke, para embarcarse en Yazoo y, posteriormente, en Erasure, marcó un giro en el grupo que, tras incorporar a sus filas a Alan Wilder, abrazó un sonido más elaborado. Un sonido que como un punto aparte planteaba nuevos derroteros ante sus compañeros de generación.
Depeche Mode podían ser pop, pero también podían sonar industriales, oscuros, ambivalentes y extrañamente adictivos. Además, el tono vocal de Gahan fue convirtiéndose poco a poco en un referente para el synthpop: Él era la voz de un estilo que se rendía a sus pies, que caía de bruces ante las melodías de Martin Gore y que se ofrecía virgen a las frecuencias que, hasta hoy, siguen sonando diferentemente gloriosas. Doce discos, con “Playing The Angel” como última entrega, recopilatorios aparte, una gran cantidad de hits, una imagen en la que el negro es la puerta de la sugerencia y un enigmático carisma han hecho que la banda siga un camino de triunfos, abandonos, excesos, redenciones y conciencia, con un ritmo propio de quienes saben que todo tiene un precio. Wilder hace tiempo que abandonó la banda para dedicarse a Recoil y Gore, Fletcher y Gahan siguen adelante, mirando como artistas de otras generaciones, véase Placebo, Plastikman, Derrick May, Interpol o She Wants Revenge, por ejemplo, rinden culto a una forma de ver la vida que es fiel a una actitud creativa cuya temática habla de dolor, rendición, deseo y confrontación, con la misma intensidad con la que miles de manos se levantan al unísono para pedirles que no las dejen caer otra vez.