
Fotos Silvia Terrón.
Es difícil creer que se puede cambiar el mundo. Están los ideales, las utopías y la rebeldía, ese combinado que nos lleva a pensar, a ilusionarnos, a radicalizarnos o todo a la vez. Pero siempre después, aunque no queramos escucharla, está la voz que nos recuerda que un cambio a un nivel mayor que el personal o local para nosotros es prácticamente imposible, que estamos muy lejos de la gran escala en la que se toman las decisiones.
Eventos como el Live 8 recuerdan remota y lejanamente, de una forma anestesiada, el poder que puede tener una multitud. Su convocatoria no es infalible, claro está, desde el momento en que nada garantiza que los asistentes no fueran solamente por ver gratis a Madonna, Coldplay, The Who o Pink Floyd (para conseguir dos entradas sólo había que entrar en una lotería enviando un mensaje de texto benéfico que costaba, si no recuerdo mal, 1,5 libras), desde el momento en que no estuvieran incluidos artistas africanos en la programación o si tenemos en cuenta los beneficios económicos que aunque sea indirectamente va a tener el evento para sus participantes, pero lo que sí ha conseguido ha sido reactivar una conciencia aletargada frente a la cumbre de los G8. La multitud que el pasado sábado copaba Hyde Park y los recintos de los otros países en que se celebraba (más de un millón en total, según los organizadores), asistían bajo un lema común: “Make poverty history” para presionar a los G8 (los siete países más ricos del mundo y Rusia) de cara a su próxima cumbre en Escocia.
En Londres era imposible acercarse a Hyde Park (que cuenta con 257 hectáreas de extensión) sin una entrada para el evento. Las estaciones cercanas de metro desplegaban carteles indicando la forma más rápida de llegar desde allí hasta el concierto, así como folletos explicativos de la situación del recinto y las estaciones que permanecerían cerradas después del mismo. La Catedral de St. Paul’s desplegaba también en su cúpula pancartas con el lema de “Make poverty history”. Bob Geldof anunció que sería el mayor concierto visto jamás en la historia y la verdad es que, a tenor de la respuesta a nivel global, lo fue.
20 años después de aquel “Live Aid”, Live 8 se ha concentrado en la unión y la conciencia y no en la mera recogida de dinero. Sea cual sea finalmente el impacto real de este evento tanto en el futuro cercano como el más a largo plazo, lo que sí demuestra es que la música es uno de los nexos de unión más fuertes que existen y también nos recuerda que, de alguna forma, sin tener que ser necesariamente esta sino quizá cualquier otra que aventuremos o que retomemos del pasado para el futuro, puede que quizá sí, de alguna manera, aún se puedan hacer cambios importantes en el mundo sin terminar cayendo en la ingenuidad o en la utopía.