
Londres es un paraíso para las tiendas de segunda mano. Supongo que tiene algo que ver con el ritmo frenético de la ciudad. Resulta extraño ese contraste entre la rapidez desmedida de la actividad londinense y la parsimonia y flema de los británicos. Seguramente eso sólo ocurra de esta forma en la capital, pero no deja de resultar chocante. Todo se mide en tiempos muy cortos. El precio del alquiler se fija por semanas (aunque se pague mensualmente), los periodos de venta son más cortos (rebajas también a mitad de temporada, adelanto increíble en las ventas navideñas, campañas intensivas en San Valentín, Pascua… en un calendario en el que se suceden con una cuidada planificación para evitar su solapamiento)… Por eso quizá los objetos también viven un círculo más corto.
Aquí se puede comprar prácticamente cualquier cosa de segunda mano. Si en España tenemos el Rastro y otros mercadillos similares, en Inglaterra es toda una rama de comercio. Desde las tiendas de discos o ropa hasta las de muebles o las “Charity Shops”, en las que se venden con fines benéficos donaciones particulares. No en vano, el número de mercadillos en la ciudad es muy elevado (hay guías turísticas dedicadas exclusivamente a ellos).
Las que yo más disfruto son las de discos y libros. Siempre me ha encantado revolver en las pilas de discos de Metralleta (cuando estaban sin clasificar, que tenía mucha más emoción que ahora que está todo ordenado) o de las tiendas cerca de Ópera o de la calle Tallers en Barcelona. El ir a comprar discos sin saber con qué se va a volver debajo del brazo, sin buscar nada en concreto, hace que la sorpresa de lo que encuentras sea mayor y más gratificante.
Además, como aquí siempre ha habido más movimiento de discos, se encuentran muchas cosas que en España sólo se ven raramente y que por estas tierras son más comunes. Sobre todo singles –ya os he contado que son mi debilidad-.
Pero, además, hay tiendas específicas para distintos tipos de música: clásica, soul, dance… y en algunas de ellas se diferencia entre la sección para coleccionistas más exquisitos (auténticas rarezas), la sección normal (con muchas cosas interesantes a precios medios) y las gangas, que suelen estar en los sótanos, con singles a 50p, tanto en vinilo como en CD y LPs y maxis a 1 libra. Una cadena de tiendas tiene como divisa la rapidez, y fijan un precio para los discos que va bajando según pasa el tiempo y no es vendido. Un LP que puede valer 8 libras, si no se vende va bajando y puede encontrarse a 4, o incluso menos.
En libros también hay muchas cosas, números antiguos del The Face (yo he encontrado el nº1 por 1 libra), Sleazenation o Dazed & Confused, cómics, libros de música…
En definitiva, es un mundo que absorbe y una vez que se entra en una de ellas se pueden pasar horas, pero el botín siempre recompensa el tiempo invertido.