
Volvamos de nuevo a la dualidad música/letra. Es difícil pensar en lo que esto supone en un entorno angloparlante. Estamos acostumbrados a la mayor parte de la música que escuchamos esté en inglés. Este increíble dominio viene tanto de la fuerza tradicional del mercado estadounidense y británico como del hecho de que el inglés se ha establecido como el esperanto para comunicarse a nivel internacional. Muchos grupos con otras lenguas nativas adoptan este idioma, principalmente por dos motivos: abre más puertas (es entendido y aceptado en todas partes) pero también, siendo en este idioma la mayor parte de la música que se escucha, para muchos a la hora de componer es en inglés como lo ven más natural, como lo sienten.
En realidad, precisamente por esto, nos hemos acostumbrado a que la letra de buena parte de la música que escuchamos nos pase desapercibida, casi como un accesorio de la música. Captamos lo que entendemos y, para cosas que nos gustan mucho, vamos a buscar la letra o la seguimos en el libreto (aunque cada vez menos libretos vienen con letras…).
Para los británicos, acostumbrados a que todo sea en inglés y a no tener que hacer esfuerzos en otros idiomas (¿para qué aprenderlos, cuando los demás saben el suyo?), la letra siempre está ahí, como un elemento que entienden y que puede interesarle más o menos. La música en otros idiomas no tiene mucha cabida aquí. Como mucho algo a nivel anecdótico, o exótico. Ese es el motivo de que grupos franceses, por ejemplo, no tengan mercado aquí aun estando tan cerca. Pero para nosotros suele pasar desapercibido, quitando las canciones que nos gustan de verdad y que queremos poder cantar cuando nos la ponen en un bar.
¿Os ha pasado alguna vez escuchar compulsivamente una canción sin saber la letra y después horrorizaros al saber de qué habla? ¿O una canción que escuchasteis mucho cuando no la entendíais y después sois incapaces de ponerle la letra verdadera y sigue siendo gua-gua-gua?
Si os paráis a pensar, cuando no entendemos las letras es un poco como escuchar a alguien leer o hablar en un idioma que no entendemos y dejarnos guiar sólo por la musicalidad y la cadencia de las frases, sin saber si se está hablando de una tarde borracho en un parque o de cómo se siente uno por las noches. Y eso, sea en el idioma que sea, no deja de ser un vacío, una comunicación incompleta.