Weblog
Música y literatura: las extrañas hermanas mellizas
Texto: Silvia Terrón


¿Cómo podríamos definir la relación entre música y literatura? Para empezar, habría que tener en cuenta que el hecho de que una canción se componga de notas y de palabras no significa necesariamente que las notas puedan considerarse música pero, sobre todo, que las palabras no son literatura con mucha frecuencia.

Pensemos en la cantidad de canciones tontas que nos acompañan todos los días. La Macarena, la Gasolina, el Venao –el Aserejé lo dejaremos para otro momento, que tantea la invención de un nuevo idioma para no caer en palabras tontas del nuestro-. La utilidad de esas letras ni siquiera es funcional, sino intencional. Sería funcional si sirviera para comunicar algo, pero no es el caso. “A ella le gusta la gasolina (¡dame mas gasolina!) Cómo le encanta la gasolina (¡dame mas gasolina)” o “Dale a tu cuerpo alegría Macarena que tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena” son frases construidas sólo para tener intención –sensual/sexual la primera, alegre y de fiesta la segunda-, no para comunicar nada.

Sabemos que una gran canción se puede escribir con sólo dos o tres acordes. Con la literatura no pasa lo mismo. No se puede hacer un buen relato con tres palabras –incluso “El dinosaurio” de Augusto Monterroso tiene siete:“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”-. Lo que está claro es que es más difícil acompañar las palabras con música que la música con palabras. Imaginemos componer música para acompañar la lectura de una novela; es mucho más complejo y menos natural que cantar una letra siguiendo la melodía.

En ese matrimonio de conveniencia en el que ambos mundos conviven, las canciones, las palabras siempre están en desventaja. Lo juntamos todo como si fuera una unidad indisoluble, pero la música, en el fondo, es lo verdaderamente importante, lo que va a llegar a todo el mundo, lo realmente universal. La letra será sólo para aquellos que comprendan el idioma en que se canta. A mí, sin ir más lejos, Gainsbourg me encanta, pero no sé francés. Me quedo, no sólo sin saber lo que está contando, sino también sin apreciar la importancia de la letra y los juegos de palabras. Es como ojear un libro agradable al tacto y a la vista en el que sólo podemos detenernos en las imágenes y la tipografía.

Sin embargo, cuando la unión entre música y literatura se da plenamente y es comprendida por el oyente, el resultado es siempre abrumador. Música que se puede cantar por un lado y letras que se pueden imprimir y leer como tales por otro. Para esta unión tampoco hace falta que las letras estén en un lenguaje culto y enrevesado, sino simplemente que su intención sea comunicar algo, una idea o una visión concreta, algo en lo que se puede participar y compartir más allá de tararearlo.

Conscientes de la importancia de este tándem, en Londres existe Book Slam el primero (y, según afirman, el único) club –club nocturno, se entiende- literario. Los padres de la criatura son Ben Watt de Everything But The Girl y el escritor Patrick Neate. Estos eventos se celebran el último jueves de cada mes y su concepto es combinar novelistas, poetas, cantantes y letristas en la sala Cherry Jam, en la zona oeste de la ciudad. Este mes la programación incluye al mismísimo Nick Hornby, aún metido en la resaca de la presentación de su último libro, “A Long Way Down”. También han pasado por él Jonathan Safran Foer o Jonathan Coe.

Y es que, aunque siempre suele haber una preferida, se puede amar por igual la música y la literatura y hacerlas convivir sin menospreciar a ninguna de las dos, al menos por un rato. Las conexiones las hacemos nosotros, y el motivo por el que vamos a clubs a escuchar música es porque ponen música. ¿Qué habría pasado si fuera al revés, si a los clubs fuéramos a escuchar literatura y a bailarla o repetirla, y la música fuera una experiencia más solitaria, para disfrutar uno solo como cuando lee un libro? Todo es cuestión de costumbres. Muy arraigadas, pero costumbres al fin y al cabo, lo que no garantiza que no hubiera podido ser de otra manera.


video.fiberfib.com