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El caso de la cultura perdida de los singles (y 2)
Texto: Silvia Terrón


Foto: Silvia Terrón.

Londres es la ciudad de los singles por excelencia, la ciudad en la que éstos arman su resistencia y pelean con uñas y dientes por no desaparecer. Estamos lejos ya de la época en la que las paredes de las grandes tiendas de discos estaban forradas con los 100 singles de la semana, sus movimientos y sus novedades, la época en que las caras B tenían su auténtico sentido como canciones que eran el reverso de la moneda del single, la cruz que podía salir al girar el disco, siempre la hermana pequeña de la cara A pero con un lugar destacado en la familia.

Con el paso de los años el número de singles en las listas se ha reducido de 100 a 40. Aún así, toda tienda de discos que se precie (y más aún los dos “pesos pesados”: Virgin y HMV) tienen una sección –no un compartimento, sino toda una sección- dedicada a singles.

Su precio es, probablemente, el factor principal en su mantenimiento. Los CDs suelen costar 1,99 libras (unos 3€) en el formato de dos canciones y 2,99 (4,5€) en el formato ampliado (más canciones, vídeos o extras). Los vinilos son aún más baratos. Muchos de los nuevos lanzamientos se hacen a 99 peniques (1,5€) y, si a eso añadimos el atractivo (romántico quizá y poco práctico frente a las prestaciones del CD, pero mucho más valioso como objeto de coleccionismo) y cómo ese atractivo es fomentado por los sellos con vinilos de colores, pósters de regalo o temas exclusivos para este formato, encontraremos la respuesta a la ecuación. En contadas ocasiones, también, se lanzan campañas de singles mucho más agresivas para dar a conocer a un grupo, como por ejemplo con The Others, cuyos singles se lanzaron a 49 peniques (tanto en vinilo como en CD) para subir de precio tiempo después.

Yo me he aficionado a hacer al menos una visita a la semana a la sección de singles. Con esos precios, además, no te importa correr el riesgo de equivocarte. Todos hemos comprado discos por la portada, pero muchas veces cuesta mucho decidirte cuando por lo que tienes que pagar es todo un CD, o incluso por un single si lo compras en España, que suelen ser más caros por ser de importación –casi siempre sólo en CD, los vinilos están en tiendas que se pueden contar prácticamente con los dedos de una mano-. Por una o dos libras no me duele confundirme y llevarme a casa un bodrio que no escucharé más que una vez. También de esa forma puedo acertar a ciegas y llevarme el single de un grupo que seguiré ya de ahí en adelante. Y si no, siempre queda bonito adornar la casa con portadas que te gusten, aunque la música deje que desear.


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