
Foto Liberto Peiró
Radio 4 son como una marea negra. Y no sólo porque vistan de riguroso negro. Su música se extiende sin que nada pueda pararla, cubriendo los cuerpos y los pies, sobre todo los pies, de todo aquel que esté cerca del epicentro. Todo el público atrapado por la música rítmica y poderosa (basada en la presión de sus dos percisionistas-baterías) que factura la banda de Nueva York. Pero esta marea negra no pringa, si acaso te llena de sudor y, cuando pasa, tras el subidón, de cansancio muscular. Esta marea te empuja golpeando a la vez la cabeza y la cadera hasta que se acaba el tiempo. Sin parar ni un segundo para descansar. Esto suele poderlo llevar a cabo una banda veterana y bien engrasada. Capaz de ganarse al público tan rápido como un guitarrazo y de no soltarlo hasta ese último, y único, bis, con los huesos temblando.
También es verdad que Radio 4 se apoyó siempre en un buen sonido y en unos juegos de luces envolventes y muy logrados. Un chorro de energía que debía corresponderse con el que se hacía sobre las tablas del Escenario Verde. Puro rock bailable de factura neoyorquina, como el que pudimos ver un poco antes con Chick, Chick Chick, y el que hemos podido escuchar en algunos de sus discípulos como The Raptures o The Faint. El caso es que la fórmula funcionó y los que estaban abajo se contagiaron del espíritu que flotaba y saltaron, gritaron, aplaudieron y rebosaron los límites del escenario y exigieron más. Entre las canciones hubo hueco para el hedonismo, pero también para la conciencia política, no podía ser de otra forma, contando, por ejemplo, con que el último álbum de la banda se llama “Stealing Of Anation”. La armada Radio 4 no sabe guerrear a medias, eso ha quedado bastante claro.
Mejor canción: “Dance To The Underground”. Mejor momento: el apoteósico final. Si te gustó este concierto, no te pierdas a… Hot Hot Heat