
Foto Liberto Peiró
Con el paso del tiempo parece que Oasis han cogido mucho peso. No me refiero a los michelines (que no los tienen), sino a su música. Su rock es cada vez más “heavy”. El inicio (“Turn Up The Sun” seguida de “Lyla”) tiene un tonelaje novedoso hasta hoy en la banda. La ronquera de Liam le acerca más a Lemmy Motörhead que al Pistols Johnny Rotten (la otra mitad de su particular registro sigue siendo el nasal de Lennon). Si la pinta del teclista resulta chocante (parece el conductor del camión), también lo es el solo de guitarra de “Champagne Supernova”, hasta en “Wonderwall” las guitarras están subidas al 11. El público disfruta a rabiar, no obstante, y los fieles británicos son los que más ruido hacen. El espectáculo es el esperado: Liam con sus bromas surrealistas con el público (dedicar “Rock And Roll Star” al ex ministro británico de exteriores Robin Cook, fallecido ayer, no se sabe si es serio o no), sus poses hieráticas, el contrapunto de Noel, siempre rápido al rebote. La prueba de que Liam Gallagher es un “front-man” único está en cómo una noche en que la voz no está en sus mejores momentos, es capaz de explotar su carisma para seguir siendo el referente de la banda. Tras la apoteosis final de “Wonderwall” y “Don´t Look Back In Anger” (las canciones buenas, lo son), terminan con una versión de “My Generation” incontestable. This is rock and roll, aunque hoy mucho más rock que roll.
Mejor canción: “Mucky Fingers”, reflejo de lo que fue el concierto.
Mejor momento: “¿Sois todos ingleses? ¿Y qué coño hacéis aquí? ¿No tenéis festivales allí? Esta canción está dedicada a los españoles” (Noel Gallagher, genio y figura).
Si te gustaron, te gustarán: Spinal Tap.