
Foto Óscar L. Tejada
Sabíamos de anteriores visitas que Doves podían encandilar desde un escenario grande.
La novedad estuvo en su contundencia. Ya en su tercer álbum las canciones tienen una instrumentación más sencilla, con menos arreglos y sonidos sintetizados y muchas más guitarras, una dinámica más clásica rockera. Pero sobre el escenario es como si la banda de Manchester de repente tuviera más músculo. La voz de Jimi Goodwin sigue siendo igual de incapaz técnicamente pero muy personal y expresiva, que es lo que cuenta: lo que transmita. Y en este caso es mucha emoción. El principio del concierto se movió en esa más reciente línea directa: apoyada en buenas canciones como “Some Cities”, la saltarina “Black And White Town” con su sorprendente sonido cercano al soul-pop de la Motown y la irresistiblemente hermosa “Almost Forgot Myself” (una de esas extrañas melodías que ellos componen y pueden a la vez ser himno y sonar intimistas). Una larga pausa de las suyas (a ellos les quedan bien, por una inexplicable razón) dio paso a una arrebatadora “Sea Song”. De canciones especiales andan sobrados: suman “Caught By The River” y una contagiosa “The Cedar Room”. Incluso atacan la sintonía de una popular serie televisiva británica (“Steptoe And Son”), demostrando con su acalorada reacción que más de la cuarta parte de los “fibbers” son británicos este año. Para despedirse, la explosión habitual (“There Goes The Fear”) con apéndice de samba.
Mejor canción: No es fácil escoger entre tantas, pero “There Goes The Fear” una vez más sigue siendo enorme. Mejor momento: El último single, “Snowden”, dedicado a las montañas de Benicàssim. Si te gustaron, te gustarán: The Lemonheads