
Foto Óscar L. Tejeda
Si me concentro mucho, si subo bastante la música, no escucho el ruido que sube de la calle. No oigo los tubos de escape trucados, ni el camión de la basura, ni la engolada voz del cura de la iglesia de al lado cantando a voz en grito “Alabaré, alabaré” a través de unos altavoces. Si me concentro mucho, mucho, puedo recordar la Final del Proyecto Demo y puedo contarte cómo viví todo aquello durante unas ocho horas al lado de las tres bandas finalistas. Sin saber quién iba a ganar, sin saber quién era el favorito, sin haberles escuchado antes, sin saber quienes eran, como un mosquito pegado a las paredes.
Recuerdo que estuve media hora mirando una verja cerrada a cal y canto y que busqué la puerta de atrás de la Sala Arena y que allí empecé a preguntar. Recuerdo que Underwater Tea Party estaba realizando las pruebas de sonido. Recuerdo que alguien me aconsejó que ni se me ocurriera molestar, en el caso de que se me hubiera pasado por la cabeza. En el camerino me encontré con Garzón. No, no te asustes, no el juez, sino el grupo. Pepo (The Secret Society), Roberto y Malela. El camerino es pequeño y feo, como todos, pero tiene una ventana de cristal por la que entra una luz de nave espacial. Malela toca la guitarra. Pepo saca una guitarra con manchas de sangre seca. Yo alucino y Pepo ironiza: “Para que luego digan que hacemos tontipop”. Yo: “¿Hacéis tontipop?”. Pepo, Roberto: “Hacemos casi pop, casi punk”. Roberto y Malela afinan y cantan canciones de El Niño Gusano. “Todas mis venas están, vestidas de novia ya”. Malela y Roberto: “Llevamos sólo cinco meses tocando juntos, Malela está de Erasmus en París, y no es fácil ensayar juntos y todo alrededor de Garzón se ha exagerado”. Yo escarbo un poco: “¿Cómo veis esto del Proyecto Demo? ¿Es como una competición?”. Garzón: “No, a nosotros no nos gusta competir, nos gusta compartir… es porque somos comunistas (Risas)”.
Ahora me toca conocer a Underwater Tea Party (UTP). La sala Arena vacía, oscura, parece una estación de metro cerrada, un esqueleto plateado con suelo de madera. En ese ambiente llaman más la atención los colores de sus camisetas, de sus cinturones, de sus zapatillas. Son más jóvenes que los de Garzón, también son el doble de gente. Óscar, el fotógrafo, los pesca y los lleva a tirarles unas fotos. Primero dentro de un container de una obra, luego en un pasadizo salido de una peli de John Woo: luz amarilla, sólo chinos, un parking subterráneo. Hay un restaurante y una tienda, todo atiborrado de productos orientales. Alguien del grupo dice que el sitio salió una vez en la tele porque mataron a un tío en los lavabos. Hacemos fotos en el escaparate. Luego, preguntamos a la dependienta si podemos sacar fotos dentro. Ella sonríe, coge el teléfono y habla con alguien. “Un momento”, nos dice. Esperamos en la entrada. Hablan unos con otros, no sabemos que pasa. Mi Cabeza: “Ahora sólo nos queda esperar a que vengan unos tipos de alguna tríada con traje y gafas de sol, saquen las pipas, nos metan en el lavabo y nos conviertan en coladores de piel y en sopa de pescado”. La realidad: Viene un hombre de unos treinta, con vaqueros. No entiende muy bien. Está a la defensiva. Le explicamos que son un grupo de música, que queremos hacer unas fotos… Él cambia el gesto, respiro. Se dirige a la dependienta y la dice algo: “Adelante, adelante”. Uf. Me voy. Tengo que hablar con la tercera banda, con Standard.
Mi primer contacto con ellos es auditivo. Dos baterías, bases pregrabadas, teclados, guitarras, bajo… difícil de coordinar. Me da la impresión de que se la juegan más a cara o cruz que ningún otro. Si les sale bien la apuesta, pienso que ganarán, si les sale mal, se caerán con todo el equipo. Hablo con Jens, Bruno y Deu en el camerino. Standard son de Getxo, tienen veintitantos y se formaron hace más o menos un año. Están muy preocupados por cómo van a sonar. Su objetivo, me cuenta Deu, es “hacer rock bailable, intenso, divertido”. Queda poco ya para que comience el concierto. El camerino empieza a parecer más un camarote, ya sabes cual, y se hace difícil hablar con tranquilidad. He apagado la luz un par de veces sin querer. Ya miran y sonríen cuando me ven. Las fundas de los instrumentos se amontonan. Todos se desean suerte unos a otros. Y yo que esperaba carnaza, mala uva, insultos por lo bajo… No hay cerveza fría. Hace mucho calor. Alguien suelta: “El rock con agua es menos rock”, pues el periodismo no te digo… Otro me pregunta como si fuera un comandante de la Gestapo y yo quisiera pasar de polizón a Suiza: “Oye, ¿tu no votas?”/em>. “No no no, yo no voto, por eso estoy aquí…”. La sala Arena que, mientras, se va llenando de gente como si se hubiera roto un grifo. Muchos besos. Sonrisas. Ánimos. Muuuchos amigos. Julio Ruiz sube al escenario y, con los focos tostándole la cara, presenta rápido la “Final del Proyecto Demo”.
Los primeros son Standard. Su sonido apabulla. Como un tsunami sobre el público con ecos de Joy División, The Raptures… una densa e hipnótica versión del “Masters of War” de Dylan. Deu, voz y guitarra, pica al público para que baile y todo les sale bien. Huelen a ganadores. Son los favoritos en los corros de gente en la sala y también en las conversaciones entre los otros grupos en el camerino. Cuando llegan les dan la enhorabuena. Garzón sufren problemas de sonido y de acople interno. Esto les desconcentra y hace que su concierto no sea todo lo sólido que podría haber sido aunque, entre todo eso, se nota esa mezcla pop-punk divertida y salvaje que les caracteriza. El directo de Underwater Tea Party es una pequeña fiesta (ha sido sin querer). Sobre el escenario y bajo él. Ellos están encantados con la oportunidad… y todos sus seguidores de abajo también. Saltan, sonríen y tocan esa mezcla de pop sixties e indie que les gusta tanto y que enlaza bastante bien con el grupo que cerrará la noche, Lori Meyers. Aunque esto será tras el anuncio del veredicto del jurado. Julio Ruiz vuelve a hacer de vocal: “Standard”, anuncia, “Standard ganan”. Pues eso. Me choco con Deu, le felicito. Todos les felicitan. Hay gente que está de acuerdo y otro que no… ya se sabe como son estas cosas. Tampoco pasa demasiado tiempo hasta que los mencionados Lori Meyers suben al escenario. Otro grupo joven, con un solo álbum en el mercado, que se muere de ganas de tocar en el FIB Heineken 2005. Por, “compartir escenarios y backstage con Oasis, Dinosaur Jr. y compañía”. Ellos tocan y su pop de tintes psicodélicos suena mucho más inmediato en directo que el álbum. Más de carne y hueso. Se acaba su repertorio. Las luces se encienden. Ya tenemos ganador del Proyecto Demo, veremos cómo lo hacen mañana en el escenario Fiberfib.com.