
Foto Óscar L. Tejeda
Al principio fueron unos tablones de madera, algunos altavoces y un par de andamios con bombillas. Con el paso del tiempo, los escenarios del Festival han evolucionado hasta el hipermoderno Escenario Verde, con las más altas tecnologías de luz y sonido basadas en el uso de la realidad virtual.
El Escenario Verde, con sus 14 metros de alto, además de verse desde la carretera se oye. Quizás sea por sus 210.000 vatios de sonido (Meyer Sound Line Array, por si tienes curiosidad). Además, cuenta con una novedad ya incorporada el año pasado: un sistema de predicción en realidad virtual (MAPP, se llama). Suena futurista y lo es: se simula la configuración del escenario con el sonido tal y como va a sonar, de manera que puede diseñarse para cubrir exactamente el espacio deseado. O sea, que se evita que el sonido de los escenarios se mezcle (a lo que ayuda, según el responsable, Alberto Bravo de Sold Out, el sistema de subgraves cardioide). Por lo que creo entender, se trata de que los graves que antes se emitían en todas las dirección y se metían en todos sitios ahora se quedan donde deben. Además, se consigue que el sonido sea igual en sus 120 metros de alcance. Vamos, que los del cerro no están ahí mirando. En cuanto al volumen, el equipo puede generar hasta 130 decibelios. Lo que pasa es que hay una normativa europea que los ingenieros de sonido extranjeros sí que cumplen, con lo que no suelen explotar el volumen a fondo y se quedan en los 90 decibelios regulados.
La iluminación no se queda atrás: 150 kilovatios de luz fija y 100 kilovatios de luces móviles de última generación. Un técnico se pasaría horas contándote detalles sobre los tipos de focos, su movilidad, la potencia de cada uno, y hasta la capacidad de volver guapo a cualquier bajista (que seguro que la tienen). Tal vez resulte más curioso saber que hay ocho estroboscopios de 3000 vatios cada uno (como los activen al unísono tendremos alucinaciones), dos máquinas de humo con ventilador y otras dos máquinas de niebla (dan para esconder al grupo si hay que cortarles el sonido). Pero sin duda lo más fascinante es eso que llaman WYSIWYG (acrónimo de “what you see is what you get”), el último grito en iluminación de escenarios utilizando realidad virtual. Puesto que no siempre hay tiempo para que el técnico de luces programe su función (la noche es corta y está ocupada), el sistema proporciona una réplica informática del escenario, con una mesa de control idéntica. De este modo, el técnico puede llegar cuando quiera y programar el show de luces que desee. Luego se va a la piscina y cuando llega la actuación tiene el programa listo en su mesa de control de iluminación. Por eso podemos ver todos los grupos con su espectáculo de luces completo. Lo que hagan con él ya es cosa suya.