1973, Salzburg, Austria
Vive y trabaja en Viena, Austria
El trabajo de Markus Schinwald, quien se expresa indistintamente a través de la fotografía, el vídeo, la escultura y la pintura, reflexiona sobre el concepto freudiano de unheimliche, “aquella suerte de sensación de espanto que se adhiere a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás”. Como el padre del psicoanálisis, el artista austríaco se plantea en qué condiciones las cosas familiares pueden tornarse siniestras, sugiriendo como aquél, que lo siniestro se da cuando lo fantástico se produce en lo real. Para ello, y apropiándose de los métodos y mecanismos que la teoría cultural, el cine o la poesía le ofecen, el austriaco activa los nexos y compatibilidades de dos escenas distintas: aquella de la danza y la performance, y la propiamiante entendida como de las artes visuales. A este respecto, la película Dictio Pii (2001) es uno de los más carismáticos ejemplos de su obra: en cinco escenas intercambiables de tres minutos, siete personajes aislados se desplazan por un hotel vacío, interactuando sólo mediante gestos automáticos y rituales absurdos, mientras la voz masculina del locutor se transforma en una voz femenina conforme la acción va progresando.
Uniendo antónimos como lo conocido y lo desconocido, lo doméstico y lo misterioso, lo racional y lo irracional, lo probable y lo improbable, los protagonistas de las obras de Schinwald se retuercen en las posturas más inverosímiles mientras ejecutan actividades tan cotidianas como leer un libro en la cama —Contorsionists (2002-2005)—, dando lugar a una imagen a la vez grotesca y tremendamente bella, logrando que el espectador se mueva anímicamente en un terreno resbaladizo situado entre lo familiar de los actos y lo extraño de los cuerpos.

Ten In Love, 2006
35mm film transferido a DVD color y sonido
5 min
El comedor de una antigua escuela-convento en Granz constituye el anatómico espacio donde se desarrolla un misterioso ritual, en el cual los diez personajes cargados de prótesis, interactúan sin emitir sonido alguno, sin ninguna causa o propósito aparente, flirteando constantemente con la inercia. En el instante mismo en el que parecen reconocerse los unos a los otros, la interacción comienza a ritualizarse deliberadamente: se vistes y desvisten los unos a los otros, se abrazan con extrañeza, o se ofrecen extraños votivos. Mientras tanto, una inquietante banda sonora a base de ritmos infantiles que parecen tomados de acestrales canciones infantiles y zumbidos mecaánicos que parecen pulsar la acción de los personajes, subrayan la voz en off maxculina que parece construir un poema donde se repite “los gestos enmascaran la intención”.
De nuevo, la disfuncionalidad y el desorden son nociones centrales en torno a las cuales se conceve este trabajo. Prótesis y aplicaciones mecánicas en los protagonistas vuelven a introducir la vision de un cuerpo humano transformado en artefacto. Resulta inevitable no referirnos a trabajos anteriores como Jubelhemd (1997), donde invirtió las mangas de una camisa blanca masculina de manera que solo se pudiera llevar con los brazos alzados; o aquella otra más reciente y pictórica donde añade a retratos históricos elementos de constricción y ortopedia como si de un desdibujar las líneas que definen el desarrollo histórico del ser humano se tratase.
Como en gran parte de su producción videográfica, Schinwald crea un ambiente surreal mediante una estructura irregular e imprevisible que alude además a la tradición del cine experimental donde estrategias y movimientos típicos de la dirección escénica son utilizados en el lenguaje cinematográfico. El resultado: una construcción performativa que yuxtapone, mediante intervenciones mínimas de máximo impacto, lo simétrico y racional a lo emotivo.
Marta Gerveno