Lund, Suecia, 1965.
Vive y trabaja en Oslo, Noruega.
Sven Påhlsson está reconocido como uno de los creadores más importantes del arte electrónico actual. En sus trabajos se sirve de procedimientos infográficos para realizar un análisis de la sociedad contemporánea occidental a través de sus costumbres, sus modos de vida y la cultura del ocio. Con la animación por ordenador como herramienta en sus trabajos más recientes, Påhlsson elabora una mirada personal sobre cómo los distintos hábitos humanos se ven reducidos a categoría de tópicos. Crash Course, Sprawville y Consuming Pleasures forman una trilogía en la que analiza los mitos y miserias de la sociedad norteamericana. En todos ellos cuenta con la colaboración de Erik Wøllo en la composición musical.

Sprawville, 2002.
Animación 3D. DVD color y sonido. 13´.
Edición: 9/12.
Sprawville es un recorrido por diferentes espacios suburbiales, estructurados a partir de unos conceptos de estratificación económica y social donde no queda espacio para la diferencia ni, por tanto, la libertad individual. Casas unifamiliares idénticas, aparcamientos multitudinarios donde la única diferencia entre los vehículos viene dada por sus distintos colores o unas características formales repetidas hasta la saciedad, configuran una cartografía urbana uniforme desprovista de cualquier elemento humano que la dote de vida. Son elementos que conforman un itinerario a través del sueño americano.
Las variaciones en el paisaje se valen de las técnicas utilizadas en la programación de videojuegos, y se reducen a elementos modulares –vehículos, árboles, cubos de basuras–, cuya reiteración construye un escenario habitado por sujetos ausentes: una presencia que sólo adivinamos a intuir a través de estos objetos de uso diario.

Consuming Pleasures, 2003.
Animación 3D. DVD color y sonido. 11´.
Edición: 3/12.
Consuming Pleasures propone una mirada crítica hacia una sociedad de consumo que se ve desbordada por sus propias exigencias. Unos grandes almacenes desprovistos de cualquier rasgo de humanidad, donde los artículos expuestos se reducen a meros continentes carentes de todo contenido –incluso la marca del producto ha sido borrada de su superficie–, se presentan como metáfora de una comunidad que se enfrenta a unas necesidades creadas por ella misma. No importa tanto aquello que obtenemos, sino el mismo acto de obtenerlo, el consumo desproporcionado y sin medida. Las estanterías repletas son repuestas de manera continua e inmediata para evitar la ausencia de cualquier producto, facilitando un consumo que, más que un placer o un acto de libre elección y disfrute, se ha convertido en una necesidad.
Carlos Ordás