Olot, Gerona, España, 1970.
Vive y trabaja en Barcelona, España.
El trabajo de Carles Congost utiliza el vídeo, la fotografía y la instalación como herramientas para articular un complejo e irónico discurso en torno al propio sistema del arte y sus intercambios. A través de la puesta en escena de imágenes que aluden al mundo del pop, el universo adolescente y en general a la cultura de masas, Congost reflexiona sobre cuestiones que recorren desde la propia práctica artística hasta fenómenos como el de la construcción de los ídolos y estrellas a través de los mass media. Con una estética personal y estridente que remite al cómic, el videoclip musical, las películas de serie B o la cultura televisiva, su trabajo implica a distintos campos profesionales: actores, guionistas, músicos, estilistas, diseñadores de moda.
Dentro de su proyecto son constantes las referencias irónicas al sistema de producción artístico convertido en un producto de consumo mayoritario tomado, en muchas de las ocasiones, del mercado discográfico como modelo. Como resultado de está aproximación entre arte y música surge el grupo Congosound, del que Carles Congost es miembro cofundador.

Supercampeón, 2000.
DVD color y sonido. 4’ 30’’.
Edición: 2/3 + 1 P.A.
En Supercampeón, Congost representa la figura de un muñeco de guiñol protagonista de lo que se asemeja a un programa de entretenimiento infantil emitido por televisión al estilo “Barrio Sésamo”. Este muñeco mantiene un diálogo con el también artista y músico Genís Segarra, componente del grupo musical Astrud, donde se ironiza en torno a muchos de los tópicos asociados a la figura del genio creador y a los de la cultura musical entendida por los jóvenes como entretenimiento y actitud.
Un diálogo, en muchos momentos sin sentido, donde se cuestionan muchos de los mitos relacionados con el mundo de la industria musical y su capacidad de comunicación.

Space Boy, 2003.
Videoinstalación (DVD color y sonido. 4’). Medias variables.
Edición: 2/5 + 1 P.A.
Un adolescente sobre la superficie de un planeta desconocido e imaginario persigue a una pequeña nave espacial que nunca llega a alcanzar. A diferencia de otros trabajos, Space Boy carece de diálogo alguno, sólo hay música, y se puede considerar como el trabajo más intimista del autor. La ausencia de palabras se compensa por la comunicación que se genera entre el protagonista y el objeto que persigue, esta extraña nave espacial que provoca en el joven distintos estados de ánimo: la alegría, la tristeza, la angustia. A modo de metáfora visual, Carles Congost aborda en Space Boy cuestiones relacionadas con la juventud entendida como período de descubrimiento relacionado con el cambio, las dudas o los roles impuestos que se empiezan a cuestionar en un determinado momento de la vida. La transición de la adolescencia a la madurez, y la inmensa extrañeza que este profundo cambio conlleva, son el hilo argumental de la pieza. Una metáfora sobre los peligros que esperan a la adolescencia.

Un mystique determinado, 2003.
DVD color y sonido. 16’ 30’’.
Edición: 1/5 + 1 P.A.
A modo de musical Un mystique determinado analiza, desde la ironía y la mordacidad, la estructura del propio mundo del arte. Una crítica ácida y soterrada a las interpretaciones ofrecidas por una parte de la crítica de arte a la videocreación actual y la “arbitraria” asociación realizada, por una parte de la misma, con una determinada opción sexual. Para ello, Congost describe una trama “perversa” a través de imágenes donde su protagonista, un joven que abandona la práctica del fútbol al descubrir su pasión por la videocreación, se enfrenta a los prejuicios de los que le rodean.
Toda una serie de personajes entre quienes cantando sus diálogos se encuentran los padres del protagonista, una novia desconsolada que no entiende el porqué de esta decisión, una crítica de arte especializada o un artista de la generación de los 70, aportan distintas opiniones sobre este proceso de cambio y la urgente necesidad del protagonista de convertirse en videocreador.
Tania Pardo