Rebeldías certeras: “Search And Destroy”

Uno de los mayores poderes de la música, quizá el principal, es el alentarnos a pensar o a hacer algo. A actuar, en definitiva. La música sirve entonces como punto de fuga, como vía de escape que nos aleja de la rutina y sus trampas y nos incita a rebelarnos contra aquello que nos limita o rechaza. Su mecanismo funciona como un proyectil para llamar la atención sobre todo aquello que podríamos o querríamos cambiar.

La rebeldía tiene muchas formas y miles de objetos, todos igualmente válidos. Pero si nos preguntan por rebeldes “históricos”, uno de los primeros nombres que nos viene a la mente es, por supuesto, Iggy Pop. Tanto con The Stooges como en solitario, así como en su biografía, su vida ha sido decididamente punk y nihilismo destilado, tanto en el escenario como fuera de él: “I am a world’s forgotten boy/ The one who searches and destroys” (Soy un chico que el mundo ha olvidado/ Que busca y destruye) cantaba en “Search And Destroy” en 1973 haciendo referencia a la Guerra de Vietnam y a la otra guerra de todos los días, también altamente destructiva, como si el mundo estuviera a punto de acabarse.

Y, aunque es cierto que al lado de Iggy y sus Stooges es difícil ver y juzgar otras rebeldías a la misma altura, en el cartel de este año hay un puñado de nombres que tampoco se conforman con la visión convencional del mundo o de la música. Tomemos por ejemplo a The Horrors. Prefieren verlo todo de color negro, pero del negro más misterioso e intrigante, con el mismo humor ácido que destilan los dibujos de Edward Gorey o la música de The Cramps: rockabilly, películas de terror de los 50 y apodos siniestros como Coffin Joe (Joe Ataúd) o Faris Rotter (Faris Canalla) forman parte de su imaginario compartido. Además, consiguieron terminar con los siete años que llevaba Chris Cunningham sin dirigir videos con “Sheena is a parasite” en el que, de manera no demasiado amable, la actriz Samantha Morton demuestra su condición de parásito entre luces estroboscópicas. Esta “panda de horrores” defiende una oscuridad siniestra en la que habitan Jack el Destripador, Edgar Allan Poe o un Londres decimonónico en el siglo XXI.

Amy WinehouseTambién merece entrar en esta categoría Amy Winehouse. Los titulares sobre su música compiten con los referentes a su vida personal o su relación con el alcohol en los tabloides británicos pero, si hay algo que deja claro en sus canciones, es que no está dispuesta a vivir su vida de otra manera que no sea la suya (“Intentaron que me metiera en una clínica de desintoxicación pero yo dije que no, que no y que no” canta en “Rehab”). Su voz rasgada y sus letras sinceras son, sin duda, reflejo de una forma particular de entender el soul y el blues y de la firme decisión de no hacer concesiones.

Otros que se encuentran en edad de rebelarse son Arctic Monkeys. A pesar de contar con el récord del álbum que más ha vendido en menos tiempo, (su debut, “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not”), su rock enérgico y visceral se sigue alimentando de las noches de fiesta y de las chicas, con una visión cínica de las supuestas “escenas” y la necesidad de que siempre haya una “next big thing”, algo o alguien nuevo para encumbrar primero y defenestrar poco después (“No quiero escucharos/ ¡Échadme! ¡Echadme!”, gritan durante el concierto de una “super cool band” en “Fake Tales of San Francisco”, y reafirman su negativa en “Perhaps Vampires Is A Bit Strong But…”: “No soy como vosotros y no quiero vuestro consejo o vuestros halagos, ni moverme como lo hacéis. Sois todos unos vampiros, vuestras historias están pasadas. Aunque fingís apoyarnos estáis seguros de que fracasaremos”).

Por último, tampoco podemos olvidar que, si bien el concepto de rebelión se suele identificar por defecto con acercarse al “lado oscuro de la fuerza”, también se puede ir contracorriente siguiendo la trayectoria opuesta. Éste es el caso de Nouvelle Vague quienes, a la hora de plantear sus versiones de clásicos de la new wave de los 80, no buscaron radicalizar los originales, sino llevarlos a las antípodas: Depeche Mode, The Clash, Dead Kennedys o Joy Division se convierten en bossa nova sinuosa y envolvente como si nunca hubieran sido otra cosa.

Por supuesto, son todos los que están pero no están todos los que son. Como comentábamos antes, hay muchas y muy variadas formas de mantenerte fiel a tu visión del mundo. El cartel de esta edición es amplio y variado, y seguro que puedes encontrar el eco de tu propia crítica entre sus nombres: alguien que se rebela contra el amor, el poder establecido, la escena musical, la generación anterior… Sólo hace falta tomar una postura y escuchar las muchas y muy variadas recetas que nos proponen las canciones para cambiar nuestra vida, decir aquello que nunca hemos podido o llevar nuestras intuiciones un poquito más allá.



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