Si bien en el anterior This Is Our Music peinábamos el cartel en busca de escenas musicales, también es importante pararnos en aquellos nombres que, sin bien pueden englobarse dentro de una tendencia o estilo, lo superan con creces huyendo de las clasificaciones. Dentro de esta sección de “rara avis” intentaremos repasar algunos de los músicos inquietos y escurridizos que escapan a las miradas genéricas.
Un buena conjunción para paladear actuaciones únicas es el sábado, en el que nos visitarán dos de los nombres más singulares de la historia de la música: Os Mutantes y The B-52’s. Los primeros cuentan con una carrera de más de cuarenta años y son exponentes únicos de la psicodelia pop brasileña. Nos regalaran temas exuberantes que no envejecen y que nos llevan al corazón del Tropicalismo o, lo que es lo mismo, la peculiar alquimia artística brasileña surgida en los 60 en la que se aunaba la bossa nova y el rock con la tradición del fado. ¿Los resultados? Luminosos y oscuros por contradictorio que parezca, pero decididamente psicodélicos.
Otros que se centran decididamente en el lado luminoso son The B-52’s. Su imaginería (las enormes pelucas es lo primero que viene a la mente) se nutre del futurismo retro de los años 50 y la escena surf de los 60, pero es mucho más. Su repertorio abarca desde temas archiconocidos como “Love Shack” hasta baladas pop de ciencia ficción como “Topaz”, un sonido del que se nutre el twee pop de Sarah Records y tantos otros.
Un sentido similar de lo teatral define a Rufus Wainwright. Sus temas se mueven con soltura entre el cabaret, la música clásica, el pop y la ópera, un eclecticismo que él orquestra con una maestría singular y que le hace sentirse como en casa tanto en festivales como en teatros. En Glastonbury salió a escena vestido de mujer con un plantel de chicos al más puro estilo musical hollywoodense, así que en Benicàssim cualquier cosa puede ser posible. Con el mismo terreno como base Antony and the Johnsons ha conseguido construir pequeñas gemas, canciones que se abren como secretos para escuchar a solas pero que crecen y se respiran en directo.
Una cierta melancolía nutre también al noruego Sondre Lerche, en el que se combina la fórmula de la perfecta canción pop al estilo de sus compatriotas Kings of Convenience con ecos de los Beatles y una presencia cada vez más patente del jazz. Acompañado del cuarteto “The Faces Down” que toma su nombre del título del primer disco de Lerche y con sus tres álbumes bajo el brazo, es sin duda un nombre muy a tener en cuenta. No en vano, ha taloneado al mismísimo Elvis Costello en varias ocasiones.
Y volviendo los ojos hacia norteamérica nos encontramos con otro grupo que se sabe seguro en un terreno propio: Calexico. Alt country, post-rock, americana… Sus colaboraciones (desde el Mariachi Luz de Luna hasta Neko Case pasando por la mismísima Nancy Sinatra) y su especial habilidad para tomarle el pulso al eclecticismo les convierte en la banda sonora ideal para un spaghetti western o una road movie por el desierto de Arizona.
De vuelta a la patria y hablando de eclecticismo, no podemos olvidarnos de Kiko Veneno. Es un auténtico pionero del mestizaje, dotando de identidad propia al flamenco (trabajó con el mismísimo Camarón) visto a través de sus ojos, así como de una personalidad peculiar al rock y al pop español de tradición y calidad…
Estos son, en definitiva, algunos de los nombres del cartel de este año que buscan y defienden su propia identidad, una parcela en que sentirse a gusto y sumergirse en su visión personal de lo que debería ser la música, “su” música al menos. Afortunadamente, somos también bienvenidos a adentrarnos en ella.