Cuando vamos al cine o leemos un libro no siempre esperamos lo mismo. La etiqueta de drama, comedia o tragedia, la categorización en géneros literarios o cinematográficos nos ayuda a escoger lo que buscamos: reír, llorar, pensar… Hay entretenimiento ligero como también historias que nos pueden cambiar la vida, si bien es cierto que en ocasiones las epifanías surgen de los sitios más inesperados. Por eso, del mismo modo que no es posible generalizar al hablar de comedias (las hay románticas, inteligentes, absurdas o incluso nada divertidas), tampoco podemos quedarnos en que los grupos del cartel son “música de festival”. Para empezar, porque dicho género no tiene una existencia real, pero también porque sería un cajón de sastre que nada nos dice.
En los anteriores “This Is Our Music” hemos intentado dar algunas pistas para ver más allá de los nombres los hilos que los unen y los separan por detrás, como si de árboles genealógicos o redes informáticas se tratara, porque detrás de un sonido hay mucho más que música: hay historia, influencias, elementos culturales y su posible influencia real en la vida diaria mucho más allá de los sonidos (en el arte, la moda, la política, la sociedad…).
Por otra parte, como comentábamos antes, no siempre buscamos que la música tenga el mismo efecto en nosotros y, aunque todos los que estemos en Benicàssim dentro de unos días iremos a disfrutar conciertos, hay muchas formas de hacerlo. Y precisamente por eso, hay nombres de lo más variado: desde canciones pop con estribillos hasta la electrónica más experimental, desde música para soñar hasta beats locos con los que olvidar dónde posamos los pies.
“Isn’t life strange?” Música para poner eco a tus sueños
Dentro del primer grupo hay gente como The Clientele, con un pop preciosista y pausado cuajado de arreglos de cuerda y voces cálidas aunque ligeramente fantasmales, como tamizadas por una cortina de humo. Su último álbum, “God Save The Clientele”, cuenta con enigmáticos títulos como “The Queen of Seville”, “Carnival on 7th Street” o “Bookshop Casanova” y ha sido producido Mark Nevers de Lambchop, un motivo más para descubrirlos si no lo has hecho aún.
En la misma línea serena y melódica, aunque más cercanos al pop atemporal de sus paisanos Belle & Sebastian, Saint Etienne o el mismísimo Phil Spector se encuentran Camera Obscura. Lo suyo son melodías contagiosas pero no facilonas, con más capas de las que podemos ver a simple vista. Y desde un poquito más al norte, concretamente desde Estocolmo, otro nombre que refuerza la absoluta vigencia del pop clásico es Peter Bjorn & John. Sí, son los de “Young folks”, la canción del silbidito que seguramente se te ha metido en la cabeza en algún momento, pero además son uno de los nombres más sobresalientes de la escena indie nórdica al lado de gente como The Concretes o The Legends.
Volviendo los ojos a nuestro país no podemos dejar pasar a Mirafiori, un nombre en el que suenan ecos de The Field Mice, Family o Le Mans: canciones nubladas, agridulces, ilusionadas y ligeramente desencantadas a la vez, habitando un espacio poblado de melancolía y recuerdos, de tardes de verano y esperanzas.
Con todos ellos y un puñado más es posible viajar, poner sonido a aquello que jamás hemos dicho en voz alta, olvidar el calor y crear de la nada un paréntesis de invierno.
“Sweatshop”. Música para independizar los pies
Pero, como no sólo de pop vive el hombre, también puede apetecernos bailar a ritmo de beats, desde la electrónica más melódica hasta la más sucia y desnuda.
Brazilian Girls, por ejemplo, son un compendio de downbeat, jazz y bosanova altamente contagioso con temas enérgicos como “Problem”, “Le Territoire” o “Never Met A German”, ritmos hipnóticos como “Sweatshop” y letras ingeniosas como la de “Tourist Trap”. “Hacinándose en la piscina, meando en el mar, desnudándose, perdiendo en el casino, bebiendo vino y tequila, vomitando. ¡Trampa para turistas!”. ¡Un himno para todo resort de vacaciones “todo incluido” que se precie!
Datarock también se mueven en terreno pantanoso, concretamente en las arenas movedizas que se extienden entre el rock y la electrónica. Y, sin hundirse en ellas, posan un pie en el punk, otro en un funk juguetón (“Fa-fa-fa”) y un tercero en temas a base de armazones básicos de ritmos ochenteros (“The Most Beautiful Girl”) o solos de guitarra que ya querría Europe (“Nightflight to Uranus”). También en esa liga juegan Lo-Fi-Fnk, especialistas en crear un efectivo tecnopop que recuerda a Röyksopp (“ADT”, “Louder”) y The Presets, con bajos poderosos y ochenteros (escucha si no “Are you the one?” o “Girl (You Chew My Mind Up)”).
Otros que saben mucho de efectividad son Warren Fischer y Casey Spooner, más conocidos por la combinación de sus apellidos: Fischerspooner. A principios de la década “Emerge” se convirtió en el seguro hit rompepistas del que nadie parecía cansarse, y ahora, varios años después, está claro que son mucho más que un grupo de un solo éxito. Siguen bebiendo del electro y de Giorgio Moroder con inteligencia para destilar temas oscuros para noches insomnes.
También nocturnos son Simian Mobile Disco, el 50% de Simian que decidieron entregarse a la electrónica analógica y, a juzgar por los resultados, fue una decisión de lo más acertada. O Cassius, uno de los nombres imprescindibles de la electrónica francesa junto con el también francés Vitalic.
Por último, cabe destacar a los divertidísimos Dan Le Sac vs Scroobius Pip, y su “Thou Shalt Always Kill”, en la que se nos ordena “no mencionar el nombre de Johnny Cash, Joe Strummer, Johnny Hartman, Desmond Decaer, Jim Morrison, Jimi Hendrix o Syd Barret en vano” o no comprar productos de Nestlé ni de Coca Cola. Todo un decálogo de comportamiento para el nuevo milenio.