Capítulo 3

¿Cada oveja con su pareja? “Blood runs through your veins, that’s where our similarity ends”

Tendemos a pensar en pares: opuestos, sinónimos, complementarios. Nuestro afán comparativo todo se encadena en parejas más o menos felices de las que nos servimos para relacionar y explicar semejanzas o diferencias. ¿Qué emparejamientos podemos intentar entre los grupos del cartel de este año? ¿A qué conclusiones nos llevan?

Empecemos nada menos que por un trío. Un ménage à trois entre The Futureheads, Editors y Echo & The Bunnymen no sería en absoluto descabellado. Los separan casi dos décadas, pero comparten una misma raíz: el eje que va del post-punk al new wave, intacto y en plena vigencia en el caso de los últimos, y remozado y actualizado en el caso de los otros dos. Temas como “Munich” de Editors enlazan inmediatamente con  “Bring On The Dancing Horses” de Echo & The Bunnymen o “Hounds of Love” de The Futureheads, que pondrían el toque pegadizo y luminoso a la melancolía oscura y magnética de los otros dos.

Otro posible matrimonio sería The Secret Society y Colder. Se diría que a ambos les mueve la idea de canciones subvertidas, temas que a veces se nos antojan inmediatos pero que despliegan muchas capas en las que sumergirse, como es el caso con “Sad Boys Dance When No One’s Watching” del primero y “Crazy Love” del segundo: canciones que son a la vez la canción y su sombra.

Una pareja bastante más disparatada sería Rufus Wainwright y Scissor Sisters. No, no podemos afirmar que haya nexos de unión en sus propuestas musicales, pero al menos sí que comparten un cierto sentido espectacular a la hora de concebir su música. El primero es capaz de atreverse nada menos que con el Bolero de Ravel para crear un tema, mientras que los segundos juegan con el exceso y los falsettos en una fórmula que siempre da un hit como resultado. En resumen, ambos aportan a sus respectivos estilos -Rufus al pop más crooner, Scissor Sisters a la electrónica alegre y pegadiza- un cierto sentido barroco bien entendido (que la palabra barroco, así a pelo, siempre da miedo).

Otro dúo bien avenido serían The Ordinary Boys y Madness. Los primeros beben del manantial de The Jam, aunque también de sonidos más ska. Los vientos y el groove de su tema “Boys Will Be Boys”, por ejemplo, podrían ser perfectamente de Madness.

Mucho más difícil resulta pensar quiénes se tirarían de los pelos porque en ese caso, más que la música, influiría el terreno de lo personal, como cuando parecía necesario elegir un bando y ser fan de Oasis o de Blur. Un dúo como el house de Green Velvet y el indie-rock de Calla pueden ser uña y carne o terminar como el agua y el aceite, todo dependerá de si incluimos o no a ambos en nuestra discoteca.

Y es que, como ocurre siempre, el futuro de las parejas es impredecible. Es cierto que los opuestos se atraen, pero también se repelen. En el fondo, si nos ponemos a pensar, cualquier par de grupos que comparemos tendrán algo que los relacione por similitud o diferencia, o incluso por cualquier relación oblicua que sólo nosotros seamos capaces de ver. Porque en último término los que enlazamos a los grupos somos nosotros: los que nos gustan y los que no, y la mayor parte de las veces esas relaciones son difíciles de explicar, más aún cuando empieza la música y salimos corriendo para ponernos lo más cerca posible del escenario. Ahí es donde acaban las palabras y las comparaciones y empieza la experiencia.

Texto: Silvia Terrón




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