Capítulo 2

LA CENA ESTÁ SERVIDA “HEAVEN UP THERE”

Distribuir un cartel es como cocinar un plato especial. Primero es esencial escoger los ingredientes, valorar la calidad y las cantidades que necesitaremos para sorprender a nuestros invitados, pero también hay que saber combinarlos: no basta con mezclarlos en un batiburrillo de sabores que no dice nada. Es necesario pensar el menú, considerar lo ácido, lo dulce, lo salado y lo amargo para que la comida se convierta a la vez en un placer y una sorpresa. Precisamente por eso, calibrar un cartel es una auténtica labor de ingeniería. Hay que mezclar ingredientes, probar texturas, crear sabores nuevos… y luego esperar a que cada uno escoja sus platos favoritos.

Esta edición del Festival es un exquisito menú degustación en el que hay de todo para todos. Un menú que se puede disfrutar con entrante y tres platos, aunque también en plan buffet, eligiendo el plato -y el día- que más nos apetece. Además, por si fuera poco, en cada día se combina lo salado del rock, lo dulce del pop, lo amargo del folk y lo ácido de la electrónica y, a la vez, dentro de cada plato se conjugan mil matices y sabores, por lo que se hace necesario decidir si queremos que sea sal, aceite, azúcar o pimienta el gusto que nos quede después en los labios al final del día.

Jueves: entrantes
“On my mind”

Para empezar, o para picotear un poco de aquí y un poco de allá, nada mejor que el jueves y su selección de entrantes, que recogen y ofrecen lo mejor de cada palo: desde el sabor agridulce y burlesco de Scissor Sisters, que te incitan a salir de marcha con tu madre (”Take your mama out”) o te piden que les des tiempo para ser “el hombre que sé que soy”, hasta el gusto añejo y perfecto de un clásico convertido en leyenda como el mismísimo Tom Verlaine (“Marquee Moon” de Television está sin duda en el Olimpo de las canciones perfectas), pasando por la combinación entre sabores de guitarras y órgano de siempre y una pizca de indie patrio de The Sunday Drivers, las tapas de diseño que serían las sesiones de Erol Alkan (que ha trabajado desde con The Chemical Brothers hasta Bloc Party), o el sabor artesanal e intenso del folk de Howe Gelb + ‘Sno Angel. Aunque si lo que se necesita es un plato grande para compartir en el que quepan los aperitivos más suculentos, nada mejor que dejarse caer por la sesión inaugural de Aldo Linares. Todos los hits, y algunos más, estarán ahí.

Viernes: ensalada sorpresa
“Alone, together”

El viernes, en cambio, ha de ser una ensalada, pero una de ésas en la que se mezclan los sabores y los estilos y cuyo resultado es imposible de adivinar sin acercarse el tenedor a los labios. Y es que qué otra cosa puede salir cuando en un mismo día se pueden degustar tantas caras de la misma moneda: el cool y el hype neoyorquino de The Strokes vs. el sonido también neoyorquino pero más terroso y menos mundano de The Walkmen, la solera de vino de buena cosecha de Echo & The Bunnymen (”The Killing Moon” también ha de estar en el Olimpo de las canciones perfectas) vs. el minimalismo de Isolée, las melodías pegadizas y new-wave de The Futureheads vs. la sobriedad arrasadora de Dominique A y su forma de entender la chanson como una bomba de relojería, el punk lo-fi de White Rose Movement vs. el tándem electrónico formado por Ellen Allien y Apparat, la inmediatez redonda y pop de Garzón vs. un Tiga capaz de manejar tus pies durante horas como si fueras una marioneta, o unos Pixies que para muchos no tienen parangón y unos Babyshambles capaces de convertirse en un versus de cualquier cosa bajo la batuta de Pete Doherty. Entre todos estos sabores contrapuestos, otros también se enlazan, como es el caso de Chris Brokaw y Manta Ray, ambos unidos por la amplia cuerda que enlaza el folk y el rock y todos los páramos desiertos que se extienden a su espalda.

Sábado: a placer
“Do you want to see the world?”

El sábado los nombres son distintos, pero los ingredientes de base siguen coordenadas similares: es posible construirse un itinerario que abarque los extremos más distantes de nuestros gustos musicales y los salpimenten con momentos preciados de canciones perfectas y largas horas de baile y noche. Entre los primeros estará, sin duda, Morrissey, fiel a su estricto vegetarianismo, condensando emoción para hacerla llover sobre el Escenario Verde. En el extremo opuesto, poniendo toda la carne en el asador, estarán las huestes de RadioSoulwax (2 Many Dj’s + Justice), cocinando la noche a la parrilla. Una comida con alto contenido calórico también será Franz Ferdinand, repletos de melodías impacientes y el pie en el suelo marcando invariablemente el compás. En la misma línea, pero algo más tranquilos, están The Kooks, listos ya para telonear a los Rolling Stones el próximo agosto en Cardiff, mientras que los aderezos más suaves y aromáticos los pondrán los paisajes interiores de Mojave 3, la electrónica tímida de Ms. John Soda y las aventuras pop de Nadadora.

Pero, como un día es todo un mundo, también tienen cabida un crooner que ha recorrido varias veces el camino de ida y vuelta a la electrónica (Jay-Jay Johanson), el flambeado único de El Columpio Asesino, la electrónica elegante y ramera de Hell o el sonido desnudo y honesto de Lou Barlow.
Domingo: el postre
“The Movers and the Shakers”

La palabra postre nos hace pensar inmediatamente en dulce o en fin de comida, pero no tiene por qué ser así. Ni un postre ha de ser necesariamente dulce, ni tiene por qué llegar al final de la comida. Podemos saltarnos el resto y su gusto en la lengua seguirá siendo un placer.

Depeche Mode son, sin duda, chocolate negro y amargo, un sabor que la lengua conoce pero que sin embargo siempre sorprende. Amargo o ácido ha de ser también el postre de Editors, que suenan como un oscuro cruce entre Bloc Party y Echo & The Bunnymen.  Por su parte, Madness ponen la cafeína y Placebo la oscuridad y el leve toque glam, aunque los que instaurarán otra tonalidad del negro, el negro-Cash, serán Grupo Salvaje, repletos de premoniciones y del otro lado del destino en “Aquí hay dragones”.

Por si esto fuera poco, dEUS proponen una “revolución de bolsillo” a paso lento pero seguro en su último álbum, algo que a buen seguro no podemos dejar pasar. Menos revolucionarios y más hedonistas son We Are Scientists, que nos dejan, como Mayra en el 1, 2, 3, una frase (“hasta aquí puedo leer”) para ligar a la desesperada en “Nobody moves, nobody gets hurt”: “My body is your body / I won’t tell anybody/ If you wanna use my body/ go for it”.

También hay tiempo a los postres para sorprendernos con la rara y sincopada belleza pop de flor de invernadero de los temas Matthew Herbert & Valerie Etienne, la revelación de “Sad Boys Dance When No One’s Watching” de The Secret Society o el eclecticismo de Yann Tiersen (mucho más que la BSO de “Amelie”).

Después de todo esto, seguro que todavía sacaremos fuerzas de flaqueza para sellar el menú con café, copa y puro (Miss Kittin y Queens of Noize en la Fiesta en la Playa). Y es que, aunque son todos los que están en este artículo, no están todos los que son, y lo importante es escoger cada uno nuestros sabores favoritos y disfrutar, porque, como dicen Echo & The Bunnymen en “Heaven Up Here”, “Watch the guitar. (…) We’re all groovy people”.
Texto: Silvia Terrón

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